LAS CUENTAS DE LA IGLESIA

DIOS LOS CREA Y ELLOS SE JUNTAN

Fuente: Brújula cotidiana

EL Tribunal de Cuentas por fin -porque se trata de las cuentas del 2017- ha finalizado y votado en Pleno por unanimidad el informe que fiscaliza las cuentas de las confesiones religiosas en su relación con el Estado. En resumen, esto va de la pasta gansa que suelta el Estado a las religiones y de su ejemplar justificación.

Las conclusiones son de traca, y propias de un país muy gracioso: la Iglesia Católica justifica los gastos como le da la gana y a la Agencia Tributaria se la suda; así, al alimón. Menos de la mitad, que ya es, de las entidades religiosas que tienen la obligación de pagar, sí pagar, el Impuesto de Sociedades no lo hizo, pero es que la Administración tampoco se lo reclamó ¿para qué, si en este país vamos sobrado de pasta? Ojo al dato: cumplieron con su obligación 1.332 de las 2.269 que debieron haberlo hecho.

El informe dice que a pesar de que los acuerdos para consignar el dinero que el Estado transfiere a la Conferencia Episcopal a través de la casilla de la Declaración de la Renta son de 1979 y ratificados en el 2006, “se ha constatado que no existen acuerdos entre el Estado y la Santa Sede o normativa estatal que regulen los plazos, la forma de presentación y el contenido que ha de tener la memoria”. Pues bien, los 250 millones que se llevó la Iglesia Católica ese año se justificaron como dios le dio a entender y la Agencia Tributaria le dio el visto bueno.Y así, año tras año y pasta tras pasta.

“La Iglesia elabora la memoria con sus propios criterios, ante la ausencia de otros acordados o establecidos en la normativa estatal respecto a su contenido, de forma que constituye más una memoria de actividades de la propia Iglesia que una memoria justificativa”. Y de esta forma, ocurren cosas como que los superávits que tuvo la Iglesia en los años 2016 y 2017 (19,3 y 15,9 respectivamente) sirvieron en parte para cuadrar las pérdidas de 13 TV, lo que no está permitido, porque no forma parte del acuerdo entre la Iglesia y el Estado.

Fuentes: infolibre 30/7/2020

LA TOURNÉE DE SUS MAJESTADES

De bien nacido es ser agradecido

Fuente: Antena 3

Hay veces que te lo dan hecho. Los monarcas españoles han terminado su tournée por el Estado en Asturias. Han visitado las 17 autonomías para “transmitir su apoyo a la ciudadanía por su esfuerzo durante la pandemia”, tal cual. Pues nada: que me he quedado a verlas venir porque no sé qué entienden estos por apoyar. De todas formas, agradecerles el esfuerzo por levantarse, coger un avión, darse un garbeo por los rincones de su reino y volver de nuevo a casa. Un esfuerzo solidario que quedará grabado en el corazón de sus súbditos.

Lo han hecho en un momento muy complicado por la investigación judicial que tiene en marcha el rey emérito y coincidiendo, además, con la publicación de que en su viaje de novios se gastaron, entre el 31 de Mayo y el 22 de Junio del 2004, 450.000 euros en viajar a “resosts exclusivos de Camboya, Fiji, Samoa, California y México”: Todo muy al uso y alcance de cualquier joven de su edad, si no fuera porque 265.000 euros los puso un amigo empresario de papá, porque lo destapó el diario británico The Telegraph y porque en su día la Zarzuela nos dijo que “pocos países pueden ofrecer riquezas en su patrimonio como España”. Los entonces príncipes se cascaron dos viajes de novios: el uno por España para quedar como dios; y el otro privado y muy… ¿borbónico? Pues ya ves, de casta le viene al galgo.

Es de entender que tantos posados, saludos y besamanos son cansinos. Entiendo que en tanto viaje de pico y pala se suda la camisa y tampoco se trata de eso, que lo suyo es gestionar la casa real, que bastantes dolores de cabeza les da . Pues nada, que sus majestades descansen; que además de serlo, son graciosos.

Y agradecidos porque ha sido una tournée de apoyo, que no de apoyarse.

Fuente de los entrecomillados: ABC y Vanitis

Presupuesto de la casa real, año 2020: 7.887.150 euros, casi nada.

CORONAVIRUS Y CRISIS DE SALUD

La mejor almohada es una conciencia tranquila. Proverbio alemán

Nos ha tocado vivir una situación extraña: un virus desconocido nos ataca y pone en jaque el orden establecido; cambia nuestra forma de actuar y modifica nuestras ideas; la sociedad, con sus normas y pactos, pone en duda el estado de bienestar que nos hemos dado.

Con esta realidad es hora de pensar, repensar y ver lo que ha pasado. Sólo la duda puede ser la certeza de cómo actuar a futuro. Se nos ha dicho que es una crisis sanitaria, que estamos en guerra contra un virus. Son afirmaciones repetidas machaconamente que las convierten en verdad.¿Pero de verdad estamos en guerra?, ¿qué hay detrás de esta afirmación pronunciada en una rueda de prensa por un militar? ¿Realmente es una crisis sanitaria? El término salud engloba el desarrollo de capacidades de autonomía, de cuidar, de vivir gozosamente, de desarrollar proyectos personales…. El concepto salud supera a la concepción médica de enfermo.

Mientras mirábamos a las UCIs y veíamos estupefactos que nuestro sistema sanitario colapsaba, obviábamos que algo se estaba quebrando en nuestra sociedad. El miedo campaba y poníamos a su servicio la libertad, la autonomía, el abandono de seres queridos y proyectos de vida. La supervivencia por encima de todo, el confinamiento -¿por qué no lo llamamos encarcelamiento en la propia vivienda?- como solución total. No, no ha sido una crisis sanitaria, ha sido una crisis de salud social, que es mucho peor.

Al lenguaje bélico le salió una canción: “resistiré”, porque estábamos en lucha contra un virus que nos ataca. Toda guerra tiene sus héroes.  Los creamos, se lo creyeron y les aplaudimos en un intento desesperado de sálvese quien pueda y por el camino cercenamos libertades y dejamos abandonadas a personas mayores; a colectivos de minusválidos físicos, síquicos, sensoriales y con parálisis cerebral; a los presos y sus derechos, que los tienen; a personas con enfermedades crónicas que precisan tratamientos prolongados; recurrimos a la educación en remoto en perjuicio de los que menos tienen; hicimos uso del confinamiento prolongado en la vivienda de personas que viven solas; abandonamos a su suerte a personas con violencia de género viviendo con su maltratador; a los niños y adolescentes aislados en domicilios los tratamos como si fueran adultos…

No seré yo quien niegue la utilidad del confinamiento, pero el próximo no puede ser igual. No podemos dejar en el camino, como un daño colateral, los derechos y libertades de colectivos vulnerables que merecen una especial atención.

Uno tiene la sensación de que ha sido un confinamiento creado por una clase acomodada, que ha sentido miedo, y dirigido a una clase social con posibilidades. En esta crisis de salud ¿qué cobertura se ha dado a las personas sin hogar?, ¿es posible que por habernos olvidado de ellas ahora surjan focos entre emigrantes en la recogida de la fruta?, ¿no ha sido la misma clase acomodada la que una vez finalizado el confinamiento ha corrido al ocio nocturno y a las fiestas? Quien tomaba la decisión ¿tenía presente que mucha gente vive en pisos pequeños, sin vistas o en habitaciones alquiladas sin ventanas?

Por encima de todas las leyes de este país está la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que ampara la libertad y la autonomía para la libre circulación de las personas. Se ha insultado, tratado de energúmenos e irresponsables a personas que en pleno confinamiento ejercían dicho derecho en soledad, sin ocasionar ningún daño ni riesgo para nadie. La izquierda, tan beligerante con la Ley Mordaza, así la llamaban, ha callado ante multas que la inmensa mayoría de los juristas ponían en duda. 

No, no ha sido una guerra, ni una crisis sanitaria. Ha sido una crisis de salud social y de miedo.

Lo que Bilbao le debe a Mozart

Bilbao le debe mucho a Mozart, más de lo que en un principio pueda parecer.

La fundación Salomon R. Guggenheim llevaba tiempo tratando de expandirse por el mundo. Tuvo muchas ofertas; unas, con  pocas posibilidades de salir adelante, como las de México o Brasil; y otras con bastantes más, como las realizadas por Venecia, Massachusetts o Salzburgo. 

El ejecutivo comisionado para llevar a cabo la misión de la ampliación del museo fue Thomas Krens. En Venecia se encontró con la burocracia italiana, en la que los diversos ministerios tenían que ponerse de acuerdo;  en Massachusetts, el senador que lideraba el proceso no fue reelegido; y Salzburgo…. Salzburgo tenía todas las cartas a su favor: era una ciudad cultural, bonita y turística. Los austriacos pidieron tiempo: allí primero es Mozart y después es dios y en 1991 deseaban celebrar, como se merecía, el 2º centenario de su fallecimiento. 

Bilbao, en los años 90, del siglo pasado, era una ciudad gris y fea, y atravesada por una ría que era una cloaca. Su paisaje industrial era decadente y poco atractivo. La entrada en la UE había ocasionado el cierre de acerías, astilleros,  navieras y toda su industria auxiliar. Pero lo peor era que se veía azotada por la violencia de ETA.

En este contexto es en el que los vizcaínos jugaron su particular partida de mus. Lanzaron un envite a Krens. Este americano que antes no conocía, ni sabía situar Bilbao en el mapa, lo aceptó. Cuando le recibieron en el aeropuerto,  las autoridades vascas le mostraron la ciudad desde el monte Archanda y después desde un helicóptero. Y le lanzaron el órdago: emplazamiento, el que deseara porque aquello era una ruina industrial; financiación, sin problemas porque el mismo partido gobernaba en el Ayuntamiento, Diputación y Gobierno Vasco; ejecución de una obra tan complicada: las ingenierías vascas y el comienzo de la obras: cuando quisiera.

Krens tenía un órdago y no era de farol. O Salzburgo, con el centenario de Mozart y todos los retrasos y complicaciones añadidas, o Bilbao, ciudad fea y gris, pero eficaz. Tan eficaz que la obras se ciñeron al presupuesto, se desarrollaron en el plazo marcado y con la calidad deseada.

Gracias, Mozart.

LA TRAMOYA DEL PARÍS-DAKAR.


Hace unos años tuve la oportunidad de visitar el Lago Rosa y viajar por las playas donde terminaba el rally París-Dakar. En ese viaje descubrí la importancia del tubo de escape alto, de usar vehículos con tracción a las cuatro ruedas y poco pesados, de deshinchar las ruedas y de que en la noche, pase lo que pase, no se para. La cosa estuvo acompañada de algún accidente, del consabido soborno en las fronteras y sobre todo gracias a la pericia del guía (recordad que en el desierto no hay señales de tráfico) de un viaje afortunado.

Allí aprendí que el legendario rally se cobraba por término medio dos víctima civiles ajenos a la carrera al año, que los vehículos dañaban pistas e inutilizaban puentes que luego tenían que reparar los lugareños. Aunque la organización surtía de gasolina a los participantes (60.000 litros por etapa), no era raro que se requisara ésta a las poblaciones cercanas. El moderno espectáculo ignoraba por completo la realidad de una de las zonas más pobres del planeta y desplegaba fastuosos medios técnicos y médicos que sólo por sí mismos hubieran servido para mejorar la vida de los pobladores.

En ese rally los fabricantes provaban sus prototipos antes de salir al mercado, los periodistas fabricaban mitos que luego los espectadores desde el sofá de casa subían a los altares. En última instancia, la carrera era un exaltación al automóvil aunque el artefacto fuera ajeno a los empobrecidos habitantes por donde pasaba. En realidad, era un pasatiempo para los blancos que pudieran pagar su inscripción en él y un negocio para muchas compañías de seguros, fabricantes y proveedores de servicios.

La ayuda humanitaria con que los organizadores justificaban lo absurdo de su conducta pocas veces llegó -por otra parte, logísticamente muy complicado- a los poblados más alejados. En el camino quedan recuerdos en forma de chatarra comida por el viento del desierto en un ejemplo de cómo no debe usarse la tecnología. Al-quaida del Magreg detuvo la realización del rally. En realidad, debiera haber sido el sentido común ante tanta arrogancia que demostró Occidente con sus pilotos jugando a realizar hazañas y los fabricantes a ser dioses de la mecáncia.

A modo de nota final: A quien suscribe para darle a la tecla le hace falta el espíritu necesario para emprender la tarea, tener algo que decir y enfrentarse a la cábala de la reflexión con sosiego. Es por ello que me tomo unas vacaciones que intuyo un poco largas. Hasta la vuelta un deseo: que os vaya bien a todos y le saquéis a la vida toda la chispa que lleva. Nos vemos.

LA OTRA CARA DE LA TIERRA.


SI DE NOCHE Y SIN LUNA VIAJAS, NO DESPRECIES LAS ESTRELLAS. Anónimo

Cuando Edison inventó la lámpara de incandescencia no podía imaginar que un siglo después el planeta iluminaría el firmamento como si fuera una antorcha. Esta civilización tan desarrollada tecnológicamante ha hecho del despilfarro lumínico una de las señas de identidad del desarrollo. Nuestro globo terráqueo se ve desde el espacio sideral como un nuevo sol. Desde allí se pueden ver selvas iluminadas por los incendios provocados por la deforestación, la iluminación en barcos para pescar y, sobre todo, los lugares más desarrollados del planeta.

En cambio, quienes habitamos en las grandes ciudades hemos dejado de contemplar las más de 1500 estrellas que se pueden apreciar en una noche oscura. Son muchos los científicos que se han quejado de este tipo de contaminación guiados principalmente por la baja operatividad de muchos de los telescopios que usan en sus investigaciones. En realidad, han sido muy pocos los cambios tecnológicos en el campo de la iluminación. De hecho, mi viejo profesor, ya jubilado, de tecnología nos podría seguir explicando el funcionacmiento de los distintos puntos de luz existentes en el mercado. El único cambio apreciable en los últimos 40 años ha sido las sustitución paulatina de las lámpara se resistencia y la inclusión de las de led. Por lo demás, en nuestras ciudades siguen abundando las de color amarillo de vapor de sodio y las blancas, pero menos eficientes, de vapor de mercurio.

En realidad, en un planeta tan reglamentado para las ondas de radio, a penas hay nada legislado a nivel mundial sobre las ondas lumínicas. Parece que la oscuridad asusta y que ante la inseguridad es preferible la sobreexposición de luz; poco entendible, por totra parte, en un mundo en el que la tecnología nos permite ser mucho más eficientes mediante el uso de temporizadores, farolas solares o células fotoélectricas. La noche ha desaparecido de nuestras ciudades. Vivimos en un mundo de luz como seres que todo lo saben y controlan pero que temen los riesgos de la noche.

Quizás llegue el día en que tendremos que llevar a nuestros hijos al monte acompañados de grandes linternas para que descubran la vía láctea o las “lágrimas de san Lorenzo”. Mientras tanto, es posible que la única oscuridad que conozcan sea la que proporciona la lámpara apagada de su habitación en la noche.

BIOTECNOLOGÍA: OTRA FORMA DE CONTAMINAR.


LA IGNORACIA AFIRMA O NIEGA ROTUNDAMANTE; LA CIENCIA DUDA. De F.M. Arouet Voltaire.

La ingeniería genética está de moda; y muchos ven en la biotecnología una fuente de desarrollo importante para el futuro. Se presenta como algo limpio y eficiente que puede reportar grandes beneficios al ser humano. Seguramente será cierto, pero a esa ciencia solidaria se le oponen unos usos empresariales consagrados al beneficio y la productividad. Se trata de una rama del saber que contamina y lo hace de forma discreta. De este modo, hay ratones, cerdos y ovejas en laboratorios con el gen humano implantado. Se trata de manipulaciones forzadas que pasan a su descendencia.

Uno se pregunta hasta qué punto la tecnología genética no actúa con criterios industriales, persiguiendo la eficacia en la creencia de que se pueden acelerar los procesos para ser aprovechados hasta el límite. La biotecnología no trabaja con materias inertes. Lo hace con seres vivos -mucho menos controlables- que, además, pueden reproducirse dando lugar a mutaciones. Los experimentos pueden viajar embalados en agencias de transportes de un lado al otro del mundo. Añadamos a ello que los resultados no son reconvertibles y que permanecen ahí a través del tiempo. Se trata de manipulaciones que aún teniendo baja probabilidad de causar daños a la naturaleza son de alto riesgo porque, de hacerlo, son enormes.

El marco de la ortodoxia religiosa, que durante años señaló las reglas en las cuales se movía la genética, ha sido sustituido por el de carácter científico, en el que se tiende a medir el rendimiento en función de fórmulas matemáticas y análisis cuánticos. La duda debiera estar siempre presente como sistema en todos los procesos de investigación y más en aquellos que, realizados con seres que forman parte de la humanidad, tienden a la explotación y dominación de la naturaleza. Hoy la industria trata de rentabilizar los experimentos patentando animales o microorganismos que posteriormente comercializa en forma de tranformaciones genéticas. De esta forma, se producen hechos curiosos, como el de que en la Unión Europea haya excedente de leche y que los ganaderos gasten sus recursos en vacas tratadas con hormonas del crecimiento con una capacidad desmesurada de producción láctea.

Otro ejemplo prodría ser el de el infertilidad. Hoy sabemos que los motivos de que ésta vaya en aumento son básicamante el estrés, la contaminación, las radiacciones ionizantes y la alimentación desequilibrada. En vez de incidir sobre estas causas, se prefiere la investigación en técnicas genéticas. En este caso, la industria se esconde bajo un discurso amable y sentido por muchos afectados para ocultar las causas iniciales. No será raro que en el futuro las multinacionales hagan valer sus conocimientos en laboratorios para ponerlos en valor en las empresas de seguros o en las de selección de personal, por ejemplo. De hecho, es cuestión de tiempo que las inversiones que las empresas presentaron por el bien común terminen siendo para el negocio de unos pocos.

MALAS ARTES.


A MALAS PIERNAS, BUENAS MULETAS Anónimo.

¿Quién no se ha planteado paseando por las salas del Museo Británico de Londres, mientras se contemplan los bajorrelieves del Partenón de Atenas, o contemplando las piezas expuestas del antiguo Egipto en el Louvre de París cómo llegó todo eso hasta allí? Durante los siglos XVIII y XIX los arqueólogos trataron de salvar aquellos tesoros de su desaparición y, siguiento la mentalidad de la época, tomaron de sus colonias lo que consideraban suyo. De esta forma, se fueron llenando los museos con piezas de extraordinario valor que sus legítimos propietarios despreciaban. Cuando las colonias consiguieron la independencia de las metrópolis, los mismos museos completaron las colecciones comprando sin escrúpulos a saqueadores y ladrones de arte.

En la actualidad Grecia, Egipto y Turquía reclaman, y en alguna ocasión consiguen, que se les devuelva parte del patrimonio expatriado. Es lo que ocurrió con el Tesoro Lidio (363 piezas de oro del siglo VII a. C.) que el museo Metropolitan compró por 1,5 millones de dólares a sabiendas de que eran fruto del saqueo en Turquía. Lo triste es que, ya de vuelta en su país, la colección fue visitada en cinco años (769 entradas vendidas) por la misma cantidad de personas que en el anterior museo lo hacían al día. Pero lo más grave es que los mismos conservadores robaron piezas para pagar sus excesos en el juego y la prostitución. Por otra parte, Grecia sí dispone del magnífico Museo de la Acrópolis, donde tiene previsto instalar los 75 metros del friso del Partenón que reclama al Museo Británico.

La sección de antigüedades del Museo Getty, en la persona de su conservadora Marión True, también se vió condenado a devolver obras adquiridas con el conocimiento de su procedencia robada. Lo más sorprendente es que los argumentos de los museos para proceder de esa forma van en la línea de proteger las obras y de que en ningún sitio están mejor guardadas que en los países ricos con amplios presupuestos para su conservación.

Posiblemente cuando empezó todo hace 200 años fuera compresible que los arqueólogos actuando de buena fe y considerando a las colonias como algo propio actuaran de la forma en que lo hicieron, pero, desde luego, por ejemplo que el exdirector del Metropolitan dispusiera de presupuestos (850.000 dólares en 1959) anuales para adquirir piezas robadas es algo que se debe explicar; o por qué en las agendas de algunos directores museísticos investigados aparecen contactos de algunos contrabandistas perseguidos por la policia (Thomas Hoving del Metropolitan).

Y QUE SIGA.


SI EL HOMBRE NO HA DESCUBIERtO NADA POR LO QUE MORIR, NO ES DIGNO DE VIVIR de M. Luther King

ByPils, autora de una bitácora amiga y mejor plumilla, me ha otorgado un premio honorífico condicionado a que quien ésto suscribe se lo pase a terceros. El objetivo es ir haciendo una cadena de condecoraciones que tienen como fin demostrar el aprecio a quienes o bien consideramos cercanos o les creemos merecedores de tal distinción por la calidad de su bitácora.

Se me pide también que escriba siete cosas que me definan. Pues bueno, ahí van:

Amor: Lo que más quiero tiene rostro de mujer y es por ello -y por justicia- que en sus causas me encontrarán con ellas.
Pasión: Lo siento por mi trabajo. Disfruto con él y, además, me considero afortunado por la liberdad que siempre me dieron para ejercerlo.
Orgullo: Lo estoy por las veces que dimití de cargos que mi conciencia no me permitían obstentar. Me hizo daño al bolsillo pero gané en credibilidad y ello contribuyó a que me ganara el respeto de mis jefes.
Aventura: La mejor y más gratificante ha sido la educación de mi hija. Con ella he viajado agarrado a su (el de ambos) proceso evolutivo. Sencillamente magnífico.
Pensamiento: Siempre consideré que no se puede andar por este planeta sin saber dar razón de lo que se hace. El pensar, el argumentar con solidez entiendo que deben formar parte del proyecto de vida de todo ser humano (quienes seguís la bitácora lo sabéis bien).
Afición: Me recuerdo toda la vida con un pantalón corto y unas zapatillas de deporte. Me gusta correr y disfruto con el esfuerzo. Siempre fue a sí y forma parte de mi modo de vida.
Vicio: el vino como disculpa para hablar con los amigos, para disfrutar de una buena mesa, para abrazarme al hombro del cercano y cantarle a la vida.

Y dos más para añadir al lote:
Recuerdo: A los que cayeron, a los que fueron por delante de mí dejando lo mejor de ellos con el fin de por dejar el patio de nuestra casa un poco más limpio.
Profesión: Hace ya muchos años que en mis documentos oficiales (no es broma) se me consigna como Payaso. Y es a sí porque soy consciente de que para pasear por este solar hace falta mucho humor y ejercer el oficio con todas consecuencias.