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Category Archives: SANIDAD


LA IGNORACIA AFIRMA O NIEGA ROTUNDAMANTE; LA CIENCIA DUDA. De F.M. Arouet Voltaire.

La ingeniería genética está de moda; y muchos ven en la biotecnología una fuente de desarrollo importante para el futuro. Se presenta como algo limpio y eficiente que puede reportar grandes beneficios al ser humano. Seguramente será cierto, pero a esa ciencia solidaria se le oponen unos usos empresariales consagrados al beneficio y la productividad. Se trata de una rama del saber que contamina y lo hace de forma discreta. De este modo, hay ratones, cerdos y ovejas en laboratorios con el gen humano implantado. Se trata de manipulaciones forzadas que pasan a su descendencia.

Uno se pregunta hasta qué punto la tecnología genética no actúa con criterios industriales, persiguiendo la eficacia en la creencia de que se pueden acelerar los procesos para ser aprovechados hasta el límite. La biotecnología no trabaja con materias inertes. Lo hace con seres vivos -mucho menos controlables- que, además, pueden reproducirse dando lugar a mutaciones. Los experimentos pueden viajar embalados en agencias de transportes de un lado al otro del mundo. Añadamos a ello que los resultados no son reconvertibles y que permanecen ahí a través del tiempo. Se trata de manipulaciones que aún teniendo baja probabilidad de causar daños a la naturaleza son de alto riesgo porque, de hacerlo, son enormes.

El marco de la ortodoxia religiosa, que durante años señaló las reglas en las cuales se movía la genética, ha sido sustituido por el de carácter científico, en el que se tiende a medir el rendimiento en función de fórmulas matemáticas y análisis cuánticos. La duda debiera estar siempre presente como sistema en todos los procesos de investigación y más en aquellos que, realizados con seres que forman parte de la humanidad, tienden a la explotación y dominación de la naturaleza. Hoy la industria trata de rentabilizar los experimentos patentando animales o microorganismos que posteriormente comercializa en forma de tranformaciones genéticas. De esta forma, se producen hechos curiosos, como el de que en la Unión Europea haya excedente de leche y que los ganaderos gasten sus recursos en vacas tratadas con hormonas del crecimiento con una capacidad desmesurada de producción láctea.

Otro ejemplo prodría ser el de el infertilidad. Hoy sabemos que los motivos de que ésta vaya en aumento son básicamante el estrés, la contaminación, las radiacciones ionizantes y la alimentación desequilibrada. En vez de incidir sobre estas causas, se prefiere la investigación en técnicas genéticas. En este caso, la industria se esconde bajo un discurso amable y sentido por muchos afectados para ocultar las causas iniciales. No será raro que en el futuro las multinacionales hagan valer sus conocimientos en laboratorios para ponerlos en valor en las empresas de seguros o en las de selección de personal, por ejemplo. De hecho, es cuestión de tiempo que las inversiones que las empresas presentaron por el bien común terminen siendo para el negocio de unos pocos.


LA TERNURA ES EL REPOSO DE LA PASIÓN de J. Joubert

Uno tiene la impresión de que vivimos en una sociedad con demasiados conocimientos que masticamos y engullimos sin asimilarlos. De esta forma viajamos y visitamos lugares como si fuéramos exploradores que tienen que encontrar aquello que la agenda de viajes marca como imprescindible. Tendemos, además, a ser etnólogos o antropólogos cuando nos falta tiempo para con una mirada rápida interpretar y comparar otras culturas con la nuestra. De esta forma, nos ocurren cosas curiosas, como por ejemplo analizar la naturaleza de los lugares que visitamos con ojos de ciudadanos del primer mundo, mientras que para los habitantes del tercer mundo este análisis no existe porque ésta no la entienden sin formar parte de ella.

Algo parecido ocurre con el turismo rural. Viajamos hasta el alojamiento y desde allí seguimos viajando por los alrededores con el ansía de querer aprovechar para ver -que no conocer- lo más posible. Por eso, el que suscribe, prefiere el viejo concepto de principios del siglo pasado de Casas de Reposo. Así, con mayúsculas y entendido como lugar al que se llega sin prisa, en el que lo importante es la mirada al interior del cuerpo y la mente. Quien de esta forma viaje buscará reponer fuerzas con comidas muchas veces frugales y vigorizantes paseos por la naturaleza. Se sentará a leer un libro sobre una hamaca o recostado a la sombra de un árbol. Las horas se le harán largas y fijará su vista en cosas como el color del cielo o la oscuridad de la noche. Es muy posible que disfrute de la charla apacible con algún desconocido, al tiempo que hace de la flexibilidad existencial una virtud.

Es bueno volver a lo simple y viajar a las Casas Rurales con una visión higienista de la psiqué y el cuerpo. Y es que, en la práctica, somos pacientes de una sociedad de las prisas, de las dietas, el trabajo, la casa….. Necesitamos descansar y, cuando lo hacemos, muchas veces organizamos unos viajes que nos agotan más. Seamos inteligentes, reposemos y afrontemos el tratamiento que nos puede ofrecer gratuitamante la naturaleza o un buen baño realizado con calma. Quitémonos esas pesadas zapatillas pensadas para trotar y demos un paseo descalzos por la hierba. Tumbémonos al sol o hagamos ejercícios tonificantes al frescor de la mañana, y acompañémoslo todo con comidas livianas y buena charla.

Velemos por nuestra salud queriéndonos un poco y reconociendo que nuestros cuerpos enfermos necesitan, en muchas ocasiones, una cura de reposo en lugares tranquilos y alejados del teléfono móvil y del ordenador. Entreguémonos a la buena vida, a la que se dieron los señores y damas del siglo XIX en balnearios y sanatorios apartados, al igual que Hipócrates en la isla de Cos, y si lo hacemos, por ejemplo, mientras leemos la Montaña Mágica de Thomas Mann, mejor.

LA MANERA MÁS RÁPIDA DE FINALIZAR UNA GUERRA ES PERDERLA de G. Orwell

En realidad, la historia de la lluvia radioactiva de Chernobyl o Fukushima comenzó antes, unos años antes. Esos abnegados “liquidadores” equipados con trajes que parecen de otro mundo tuvieron unos predecesores anónimos que fueron utilizados para conocer las consecuencias de las radiaciones. Mucho supimos de los horrores que sobre el ser humano tuvo la explosión de las bombas de Hirosima y Nagasaki. Lo cierto es que tirada la primera piedra quedaban muchas más y era necesario medir las consecuencias de sus impactos.

Los franceses utilizaron el atolón de Mururua, pero los americanos, terminada la segunda guerra mundial, tomaron como botín de guerra las Islas Marschall. De hecho, gestionaron las islas bajo el mandato de las Naciones Unidas. Y lo que pretendía ser una orden para mejorar la economía y elevar el nivel de vida de los lugareños se convirtió en una ocupación militar que respondía a los intereses de los americanos en Asia. Este conjunto de islas tiene su importancia, porque están diseminadas en el corazón del Pacífico muy lejos de todo para ser oido y muy cerca de los objetivos geoestratégicos militares de la posguerra.

La historia comenzó antes, porque en las Islas Marshall quienes debian proteger a la población hicieron estallar, en la década de los 50, la primera bomba “sucia” de hidrógeno y una población que jamás había visto un copo de nieve tuvo la oportunidad de jugar con un manto blanco de nieve radioactiva. Allí se realizaron pruebas atómicas a sabiendas de las consecuencias que tendrían sobre unos habitantes que no importaban a nadie. Las autoridades militares y médicas silenciaron y no advirtieron que los alimentos que pescaban o ingerían de sus huertas se hallaban irradiados a pesar de ser evidente el aumento de fallecimientos por cancer. A consecuencia de ello, durante los años siguientes muchas mujeres abortaron y nacieron niños con malformaciones importantes como resultado de imperfecciones genéticas.

Los EEUU siempre sostuvieron que no ocurría nada anormal. Pero lo cierto es que los americanos utilizaron este protectorado para realizar pruebas nucleares que tuvieron efectos físicos y biológicos sobre la población. Desposeyeron a sus habitantes de sus tierras e irradiaron durante siglos su habitat para conocer las consecuencias de la radiactividad sobre el ser humano. Las Islas Marshall fueron durante décadas un laboratorio experimental de armas de destrucción masiva donde se realizaron, por el bien común, atropellos sobre la población. Por eso la historia de quienes hoy se juegan la vida tratando de controlar los escapes radiactivos de la central de Fukushima comenzó antes. Mucho antes y eran inocentes.


EN UNA ROSA CABEN TODAS LAS PRIMAVERAS de A. Gala

Ya sabemos que “la primavera la sangre altera”, pero también cansa. Si no, que se lo pregunten a quienes tienen hijos o personas mayores en casa. Puede parecer un contrasentido que tras el letargo invernal, los cielos más limpios y el renacer del campo surja la fatiga primaveral. Es curioso que, siendo ésta una estación presidida por la belleza, el aumento del dinamismo vital o en la que las emociones se tornan más intensas, numerosas personas se sientan cansadas o en crisis.

Es frecuente que se manifiesten con todo esplendor las enfermedades crónicas o que a muchos nos invada una extraña fatiga que nos haga desear un cierto reposo físico y mental. Hay quien señala que aumenta el número de transtornos nerviosos como consecuencia del cambio de ritmo vital en personas con problemas síquicos. Con la mejora del tiempo se producen unos cambios metabólicos que tienen su incidencia en las personas. Así, por ejemplo, aumenta la tasa sanguínea de urea, colesterol y los glóbulos blancos inician su guerra particular contra microorganismos patógenos -que se lo pregunten a los alérgicos-.

Y es que la llegada del buen tiempo trae consigo que se duerma peor, la sangre se haga más viscosa produciendo hinchazón de piernas y el cansancio general se manifieste en dolores de espalda, cabeza y hombros. Durante el invierno el cuerpo estuvo economizando recursos y librando una lucha contra los rigores del mismo. Por eso cuando llega la primavarera se encuentra con las defensas bajas y hace, por ejemplo, que cualquier mal aire nos provoque un resfriado.

Con el renacer de la vida se producen decisiones inconscientes que pueden llamar las atención: los vegetarianos o naturistas hacen sus ayunos y curas vitamínicas; otros sienten la necesidad de acudir a gimnasios para cuidar su cuerpo, y muchos cuidan su alimentación, no sólo para estar más bellos, sino porque el cuerpo necesita una recarga vitamínica presente en las frutas y verduras. Si a todo lo anterior le añadimos los desajustes hormonales por todos conocidos, no es de extrañar que los cuerpos se fatiguen y las mentes se trastoquen ante tanto cambio. ¿O no?


LA MODA ES LA ÚLTIMA PIEL DE LA CIVILIZACIÓN de Picasso

Corren tiempos de cremas, afeites y demás aderezos sobre la epidermis que constituyen la realidad sobre el “culto al cuerpo”. Porque de ser cierto éste, hace tiempo que hubieramos mandado a paseo a tanto dietista desaprensivo, monitor personal cargado de esteroides o productos alimenticios surtidos con acidulantes, conservantes y demás aditivos. Es así, el dicho de algún modisto de que la “arruga es bella” sirve para el negocio del vestir pero no para lucir palmito. Ese es otro cantar, y porque la melodía es otra, embadurnamos nuestra piel con productos que son reafirmantes, desestresantes y tonificadores.

Por lo general, la dermis facilita a la piel la nutrición necesaria para que ésta tenga la elasticidad y la robusted necesaria. De la misma manera que con un adecuado lavado conseguimos que microbios, hongos y células muertas sean exfoliados de nuestro cuerpo. Todo ello lo hace de forma natural nuestro cuerpo. Pero la industria farmaceútica nos vende belleza aunque sea a consta de actuar sobre los dos millones de grándulas que emiten sudor -por otra parte necesario para liberar el exceso de calor- y que son las causantes de actuar como termostato que mantiene la temperatura a 37ºC.

De ese manto natural que protege nuestro cuerpo sale cada día medio litro de fluido líquido que causa horror a muchos. Para ello se recurre a taponar o inhibir la acción de las maldecidas glándulas sudoríparas. Les reconocemos su labor, entendemos su función en nuestro organismo, pero…las odiamos porque nos dejan cercos en la ropa o impiden dejar en el contrario el aroma a belleza que pretendemos poseer. Nuestra piel es un negocio y cada año es más el dinero el que gastamos en cuidarla….. ¿Cuidarla? Pero….¿realmente es necesario tanto producto? ¿A qué intereses responde tanta gama de cosméticos?

Uno tiene la sensación de que falta mesura. En especial, cuando observa farmacias con más productos de belleza en sus estanterías que medicamentos, o cuando ve el espacio que ocupan en los expositores de los supermercados. Esos 18 metros cuadrados que cubren nuestro cuerpo con un espesor de medio milímetro se merecen atención, pero la necesaria y con sentido común; a no ser que éste acabe siendo el del despropósito y el de los intereses de la industria química.


ANTES DE NEGAR CON LA CABEZA, ASEGURATE DE QUE LA TIENES DE T. Capote

Dicen que es necesario cambiar los periodos de cotización en el sistema de pensiones porque dentro de 20 años éste será inviable. Y lo dicen los economistas sobre la base de proyecciones a futuro. A uno le parece bien planificar las cosas con tiempo y curarse en salud sobre lo que pueda venir, pero dando a las cosas la importancia que se merecen. Así pues, si se ha de reformar, que se haga; que lo expliquen como dios manda y, por una vez, lo sometan a votación de los mismos que sólo valemos para introducir un voleto en la urna cuando a ellos les interesa.

Pero antes permítaseme una reflexión sobre las proyecciones económicas a 25 años. Uno ya es tayudito y recuerda cómo los mismos sesudos economistas predijeron en los años 70 que el petróleo se terminaría en el año 2000. Así, como suena, caput. Y por culpa de esas proyecciones ocasionaron la “crisis del petróleo”. Como todos podemos recordar que las proyecciones decían hace apenas 5 años que el aterrizaje de la construcción en España sería “suave”. Pero ya puestos…, ¿por qué no vamos organizando el ejército a 25 años vista? Por no hablar del sistema educativo o del mercado laboral, por ejemplo. Los mismos economistas nos dicen que el sistema será deficitario dentro de 20 años porque no habrá suficientes cotizantes. Es tanto como decirnos que las empresas se van a quedar sin mano de obra obviando las corrientes migratorias. Bueno sería que recordasen cómo países como Alemania o regiones como el País Vasco o Cataluña en algunos momentos del siglo XX necesitaron mano de obra y no tuvieron problemas en encontrarla en la emigración. Y ya puestos, ¿por qué no relizan proyecciones a 25 años sobre el mercado de trabajo?

A los economistas les preocupa que el sistema sea deficitario pero olvidan que hasta hace apenas 10 años siempre lo ha sido, y en este país, en el que se subvenciona todo, es perfectamente asumible cubrir las desviaciones vía presupuestos como se hace con los museos, el ejército u otros servicios públicos. O…¿ a éstos por qué no se les exige también la autofinanciación? A quien suscribe le interesaría saber qué medidas van a tomar, quienes se alarman por el déficit de la Seguridad Social, sobre el fraude que en él existe y que los expertos calculan entre un 20% y un 25% de lo recaudable. Bueno sería que establecieran también sus proyecciones económicas en este aspecto.

Quizás haya que preguntarse también por qué países como Alemania, Francia o los países escandinavos, con unos sistemas de protección social más abultados sobre el P.I.B., no emprenden acciones para corregir sus déficit. Seamos serios: las proyecciones son conjeturas económicas sometidas a unas varibles excesivamente amplias. Se les debe dar la importancia que se merecen, pero no más. Y sobre todo quizás haya que decir claramente que el problema no se encuentra en el adjetivo (“déficit” dentro de 20 años) sino en el sustantivo de un País endeudado hasta las cejas al que sus prestamistas le exigen garantías de que les van a devolver la pasta. De eso hablaremos otro día.


LLEVADERA ES LA LABOR CUANDO MUCHOS COMPARTEN LA FATIGA. Homero

La vida puede viajar en paquetes: pequeños, sencillos, manejables y sobre todo baratos. El mundo subdesarrollado los necesita y para quienes creemos que vivimos en una crisis monetaria resulta sencillo. No olvidaré nunca la sensación de bienestar que me dió encontrar en un poblado de Senegal unas farolas solares donadas por una ONG alemana. Allí sentí que llevar la luz no es tan difícil y que no es necesario realizar grandes infraestructuras para facilitar la vida a aquellos para quienes la noche es oscuridad.

En el mismo viaje vi poblados con zonas reservadas para que las mujeres parieran sólas en el bosque. Más tarde y en otros sitios he visitado chabolas, que para ellas eran un paritorio, en el interior de las cuales las parturientas se prestaban a dar a luz en unas condiciones sanitarias deplorables. Por eso es tan importante el kit de partera con los medicamentos y utensilios básicos para atender a unas mujeres que se desangran o mueren por falta de higiene y equipos de estirilización.

Para quien viaja a países tropicales es sencillo acudir a Sanidad Exterior y proveerse allí de unas vacunas que no disponen los habitantes de los países a los que el viajero acude. Pero no sería nada caro desarrollar el kit de mosquiteras que ayuden a proteger a la población contra el paludismo y el desagradable picado de los mosquitos. Como tampoco sería caro incluir en el mismo el de kit contenedores flexibles de agua con el fin de evitar los bidones roñosos de metal o los embases tan poco higiénicos en los que gran parte de la población mundial guarda el agua.

Uno ha visto escuelas formadas por cuatro paredes mal puestas con muchos niños y un pobre profesor haciendo uso de la transmisión oral para enseñar a sus alumnos. Dotar a estas escuelas de un kit básico de pizarrines (quienes tienen más de 50 años saben de lo que escribo), y utensilios de enseñanza sería de una utilidad inmensa para abordar el analfabetismo. De la misma forma el kit de primeros auxilios, similar al que muchos llevamos en el coche o que usamos para viajar, sería algo barato pero de un valor incalculable en muchos poblados en los que no hay asistencia sanitaria.

Como se verá, son paquetes que encuentran la virtud en su sencillez. No son difíciles de manejar, económicamante son viables y además efectivos. La ayuda al desarrollo en bastantes ocasiones pasa por hacer accesible un mínimo de las cosas necesarias para sobrevivir, sin complicarse en megaproyectos que consumen esfuerzos y dinero sin ninguna garantía. Y a los enamorados de los viajes aquí llamados de aventura (aventura, el vivir de ellos) sólo puedo recomendarles -pedirles, suplicarles- que regalen algunos de estos kit. Son buenos para todos: para el que los da y para quien los recibe.


LA NATURALEZA NO HACE NADA EN VANO. Aristóteles

El amianto ha sido un producto muy usado en la fabricación de viviendas y como componente industrial. Ello se debe a que es ligero, de fácil manejo, soporta extraordinariamente bien el calor y es un aislante muy bueno. Durante años se utilizó para la fabricación de embragues y frenos de coches, trajes de bombero, como aislamiento en fundiciones y barcos, y con la marca comercial de Uralita en la construcción. Su presencia ha estado presente en casi todos los órdenes de la vida, hasta que se prohibió su empleo en el 2002 en el estado español.

El amianto ha arruinado la vida de muchos trabajadores y ciudadanos que estuvieron en contacto con él. Lo cruel es que desde principios del siglo XX se conocía que era perjudicial para la salud, pero las autoridades consideraron que eran superiores las ventajas que aportaba a la industria. En la actualidad hay cientos de edificios y pabellones industriales con Uralita en los tejados, debajo de los cuales se practica deporte, trabaja o se guardan materiales. Para su desmontaje hace falta la presencia de empresas especializadas que se hagan cargo de los residuos y que utilicen los medios de autoprotección adecuados.

Mientras tanto, ningún gobierno ha manifestado el más mínimo interés por controlar estas bombas de relojería que producen cáncer en la población. Quizás sea porque el desarrollo de éste es tan lento que en la práctica se hace muy difícil demostrar que los cánceres y los mesoteliomas producidos por la asbestosis se produjeron al tener contacto directo con la Uralita. Pero lo cierto es que son muchas las personas que conviven con él en cobertizos, recintos escolares o en empresas.

De hecho, es muy corriente encontrarse planchas de Uralita en vertederos o escombreras, que acampan en compañía de otros desperdicios sin ningún control. No estaría de más que, junto a las ayudas por rehabilitación de viviendas se incluyeran apartados específicos para el tratamiento del amianto, o que la autoridades sanitarias y mutuas de protección laboral pusieran más interés en proteger a la población que convive en contacto con el material. Quizás de esta forma se evitarían muchas víctimas inocentes que durante los próximos años morirán por problemas pulmonares sin imaginarse la causa de sus desgracia.

ES MÁS FÁCIL SER GENIAL QUE TENER SENTIDO COMÚN. J. Benavente

Tras el terremoto del año pasado en Haití todo fue espanto y dolor. Pronto llegaron las televisiones y los enviados especiales a mostrarnos la dureza de la devastación; y con ellos, las ONG en forma de personal sanitario, bomberos, o colaboradores desinteresados que dejaron lo mejor de ellos con la mejor voluntad. Ruido.

Las tropas americanas pusieron un poco de orden en un país que perdió el gobierno y en el que la falta de infraestructuras impedía socorrer a la población. Hasta allí llegaron los ejércitos de otros países (recordar el helicóptero español accidentado) y fusíl en mano organizaron el abastecimiento y la dotación de recursos básicos. Para entonces las Naciones Unidas reconocían que no habían sabido reaccionar a tiempo. Más ruido.

Llegaron políticos a los que hubo que dar prioridad en las pistas de aterrizaje a costa de retrasar la ayudas humanitarias. Se organizaron colectas y la banca se comprometió a no cobrar comisiones por los envíos monetarios a las ONG. El ruido seguía aumentando. Se sucedieron los telemaratones por la causa de Haití en los que artistas americanos prestaron su imagen con el fin de dotar de recursos para le reconstrucción, al tiempo que los gobiernos aseguraban que su presencia allí sería estable y continuada en el tiempo. Ruido insoportable.

Como consecuencia de aquella devastación llegó el cólera. Y otra vez los mismos periodistas nos mostraron los mismos campos de plástico en los que se hacina la misma gente que lo había perdido todo. La reiteración es cansina cuando el gobierno americano vuelve a prometer que envía la marina con buques anfibios para socorrer a la población después de las inundaciones producidas por el huracán “Tomás”. Más ruido.

Mientras presenciamos el relity show cómodamante sentados en la butaca con tapones en los oídos que amortigüen tanto decibelio, quizás quede preguntarse de una maldita vez, ¿dónde están las nueces?