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Category Archives: POLÍTICA

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de ésto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

ALBERT EINSTEIN


SER JOVEN Y NO SER REVOLUCIONARIO, ES UN CONTRADICCIÓN CASI HASTA BIOLÓGICA de S. Allende

El otro día oí comentar que básicamente los movimientos ciudadanos tienen cuatro maneras de reclamar al poder:

– Reuniéndose bajo techo.
– Manifestándose violentamente.
– Manifestándose pacíficamante.
– No acatando las normas mediante la desobediencia civil.

Mientras que las dos primeras posturas benefician a quien ostenta el poder porque son aquellas en las que ejerce el dominio; las dos siguientes, por el contrario, favorecen a quienes reclaman, y ha sido históricamente el pueblo el que las domina.

La reflexión no es baladí, por cuanto aporta pistas para poder entender las cosas. Antes habría que añadir una premisa: los movimientos de masas están condicionados por su capacidad de resistencia y desaliento. Pero en esta ocasión lo vamos a dar por descontado.

Los acampados por las plazas de este reino tendrán su oportunidad de lograr sus objetivos en la medida en que se muevan entre las manifestaciones pacíficas, la desobediencia y el uso de terceros que les representen. Esto lo saben bien las organizaciones armadas, propias de los años 60, que vieron en la revolución la solución a sus demandas. Todas ellas están prácticamente derrotadas y aquellas que desean la negociación con los Gobiernos tratan de hacerlo mediante supervisores, evitando de esta forma las reuniones directas.

Los dos grandes sindicatos que negocian las reformas de este país debieran ser conscientes de que todo lo que sea alargar las negociaciones bajo techo y perder la calle es algo que favorece al contrario. Al final pueden terminar fagocitados por éste y alejados del mundo a quien dicen representar. Y es que a las reuniones primero se va con camisa de cuadros, después con chaqueta y maletín, para terminar con corbata y acompañado de abogados, pero para entonces ya se han recibido dádivas y benefícios.

El gran éxito en los años 80 del movimiento de objección de conciencia sobre el servicio militar obligatorio estuvo basado en la desobediencia civil que ejerció y en la aplicación de técnicas propias de la no violencia. Consiguieron que se derogara la obligación a acudir a filas sin negociar con ningún gobierno. Por eso tuvieron éxito. Cuando los cuerpos policiales se tienen que enfrentar con un grupo de ciudadanos, como los de Plaza Catalunya, con una actitud pacífica se encuentran con una situación para la que no han sido entrenados. Por ello, antes de actuar tendrán que provocar y argumentar causas ajenas al conflicto hasta conseguir que alguno de los manifestantes se vuelva violento.

El análisis sirve para conocer el funcionamiento de muchas ONGs, Asociaciones de Vecinos, Sindicatos de trabajadores, etc… que se mueven en el campo de quien ostenta el poder. De hecho, la primera reivindicación de a quien se le realiza una huelga, por ejemplo, es la vuelta a la mesa de negociaciones y desconvocatoria inmediata de ésta. O sea, lo urgente es llevar al oponente a su terreno, en el que se mueve mejor. Por eso, quienes temen que algunos grupos de masas ostenten el poder debieran ser conscientes de que ello precisamente será la causa de su derrota. Basta echar una mirada al patio de este planeta para comprobarlo.


UN HOMBRE TIENE QUE TENER SIEMPRE EL NIVEL DE DIGNIDAD POR ENCIMA DEL NIVEL DEL MIEDO de E. Chillida

Como en casi todo en la vida, no debe bastar con decir ” estoy indignado”. Hace falta añadir un plus a la frase y aportar las ideas. Es lo que me propongo con este escrito: dar razón de por qué quien suscribe está enfadado. Y lo estoy porque:

– Me parece vergonzoso que para poder adquirir uno de los derechos fundamenles que consagra la Constitución, como es el acceso a una vivienda, le suponga a mucha gente estar entrampada de por vida.

– No es de recibo que personas excelentemente formadas, después de un coste económico y personal importante, no puedan acceder a un trabajo o que deban emigrar los más capaces.

– Es humillante que para hacer cuadrar unas cuentas gestionadas por manirrotos se ponga en entredicho un estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones…) que tantos esfuerzos costaron a nuestros antepasados.

– Vemos desconsolados cómo priman más la economía y la especulación de los productos que la democracia de carácter social.

– Es de sinvergüenzas que banqueros con contratos blindados y bonus por beneficios impongan comisiones bancarias o cláusulas leoninas sobre las cuentas de quienes tienen poco por aquello de la Ley del Mercado.

– La avaricia de quienes riguen las decisiones financieras de una economía dirigida por unos seres invisibles que compran, venden, especulan e influyen en las decisiones de Gobiernos soberanos.

– Es impresentable que la Casa Real, nunca elegida democráticamente, se valga de Patrimonio Nacional, de los yates -regalos de empresarios- y de unos presupuestos del Estado -sobre los que no da razón de gastos- para seguir viviendo como reyes en una sociedad cada vez más empobrecida.

– Hay motivos para recelar de un sistema financiero, que ha creado la mayor crisis mundial desde la segunda guerra mundial, al que se le sanean las cuentas sobre la espalda de parados, pensionistas y trabajadores que no fueron culpables de nada.

– Es patético que los partidos políticos, a pesar de tener gente honesta, estén gobernados por prepotentes, que a falta de nada mejor, hacen carrera al abrigo del partido. Y porque éstos, a su vez, están siendo superados por la exigencias de los mercados y las agencias de calificación.

– El consumo de masas en centros comerciales los sábados por la tarde o en grandes eventos deportivos se hayan convertido en una nueva religión que responde a una propaganda del despilfarro.

– Los codazos y amiguismos por lograr objetivos y ser triunfadores conlleven, en muchas ocasiones, la indiferencia ante las penurias del vecino.

– Los objetivos del milenio hayan quedado supeditados a la crisis en un momento en que la tecnología puede llegar a cualquier parte del planeta y en el que es factible terminar con el hambre y la desnutrición en el mundo.

– A pesar de saber que las guerras constituyen un gran fracaso para la humanidad asistamos indolentes a cómo por los cuatro rincones del mundo hay hogueras encendidas sin que los prohombres que dirigen el mundo se sienten a apagarlas.

– Es reprobable que los avances técnicos y la especulación de los mercados no vayan en consonancia con la ética; y así, asistimos impasibles a cómo mientras los jóvenes no trabajan los mayores tienen que sustentar a los primeros añadiendo más años a su vida laboral.

– Constituye un sin sentido que el capital y la especulación hayan desplazado al Hombre -sujeto de las cosas- a ser útil en la medida que consume.

– No podemos permanecer impasibles ante unos usos industriales y domésticos que están haciendo del planeta un estercolero.

– Es una temeridad considerar la estracción de las materias primas como capital gratuito sin ponderar los destrozos medioambientales ejercidos sobre el planeta.

– Ya no hay motivos para creer a unos políticos carentes de ideas, que subordinan sus políticas a permanecer en la poltrona del poder aunque se tengan que lanzar a degüello del oponente con exabruptos y descalificaciones.

– Es indignante que el uso de la Ley Electoral sólo sea para elegir a unos políticos olvidadizos de promesas y no se use, también en un desprecio a la ciudadanía, para consultar las grandes políticas del País.

– Hay motivos para enfadarse por no estar enjuiciados todos esos políticos y sindicalistas que han estado en los Consejos de administración de unas Cajas de Ahorros quebradas por su mala gestión.

– No son de recibo los previlegios de nuestros políticos en forma de salarios, dietas, años de cotización o cobro de pensiones sean diferentes al del resto de los ciudadanos.

– Es impresentable que seres anónimos y con convertura legal especulen sobre materias primas (arroz, soja, trigo…), hundan empresas mediante derivados o influyan en decisiones de gobiernos.

Podemos seguir añadiendo más por qués, pero muchos de quienes luchamos por la llegada de la democracia, quienes corrimos por las calles, a quienes nos tocó arrimar el hombro entonces, no era ésto lo que queríamos. Nos importaba por encima de todo el Ser Humano como centro desde el que había que hacer un mundo más justo y al servicio del cual debieran estar la economía y las finanzas.

PARA QUE NADA NOS SEPARE QUE NADA NOS UNA de P. Neruda

Quien ganaba las batallas corría al centro a plantar la bandera. De esta forma, si caía el castillo, el ayuntamiento o el dificio de gobernación, se daba por terminada la refriega. Era como la toma de la Bastilla para los franceses. Estamos creando un mundo tan entrelazado que, como díría Punset, se asemeja a las redes neuronales del cerebro. En ellas se diluye lo cercano de lo lejano, porque todo está interconectado. Ya no es importance vivir próximo al centro de la ciudad. De hecho, podemos realizar inumerables trámites administrativos por medio de internet y gozamos de servicios de todo tipo descentralizados. Dándose el caso de que en ocasiones lo que llamamos calidad de vida, no se encuentra en el centro neurálgico de las ciudades.

Las líneas eléctricas, las tuberías del gas, los medios de comunicación, la producción de ideas y tecnología, entre otras cosas, no las podemos entender sin que traspasen las fronteras y se interconecten con las de otros países. En realidad, la varible más importante que las puede hacer averiar es la densidad. Se terminaron los privilegios de vivir en el centro de los lugares, y más, cuando la mayoría de las veces constituye un engorro. Lo mismo podemos decir de la configuración arquitectónica de las ciudades o de los medios de transporte: ya no precisan tener un punto central, o pasar por él en el caso de los segundos.

No puedo dejar de sorprenderme ante la necesidad de algunos políticos de significar su centralidad y luchar por este espacio como si realmente existiera. ¿De verdad lo creen? ¿Se han parado a pensarlo antes de decirlo? Antaño era relativamente sencillo buscar este punto, porque las diferencias ideológicas entre la izquierda y la derecha eran patentes. En la actualidad, en una economía de libre mercado (que pone en solfa las ideas socialistas de Marx) las diferencias no son tantas y, en ocasiones, si no se diera a conocer el origen de ciertas políticas, nos sería difícil saber a cuál de los bandos corresponde. La simetría original hace tiempo que se perdió; por eso, quienes manifiestan buscar el espacio electoral de centro debieran reflexionar sobre si en una sociedad tan compleja éste existe.

Vivimos interconectados y las ideas también, lo que ha permitido que los flujos del conocimiento se acerquen. Hace medio siglo era relativamante fácil encontrar una ubicación para un cementerio nuclear o un vertedero de basura. En la actualidad todo queda cerca. Se puede llegar a cualquier sitio en poco tiempo. Todo crece y lo hace de forma descentralizada. Uno puede vivir en el barrio de una gran ciudad con todas las comodidades sin tener que aproximarse al origen de las cosas. Las ideas viven de los mismos principios. Por eso, en las campañas electorales más que programas de trabajo y proyectos, se venden imágenes de líderes vitoreados acompañados de una música triunfal censurando al oponente. Y es que es más fácil autoafirmarse resaltando las diferencias que buscar los acuerdos, que precisamante debieran ser más sencillos, por estar las ideas interrelacionadas como lo están las neuronas cerebrales.


EL ENTENDIMIENTO ES UNA TABLA LISA EN LA CUAL NO HAY NADA ESCRITO de Aristóteles

Vamos a hacernos una pregunta: ¿QUIÉN ES EL QUE MANDA AQUÍ? Unos dirán que el Presidente del Gobierno, otros los popes de la Iglesia que mediatizan las políticas. Los habrá que señalen a la Sra Merkel como inductora de las decisiones y los más avispados quizás señalen a los chicos de Wall Street como los auténticos amos del mundo. Antiguamente era fácil, todos conocían al “boss”, ya fuera jefe del estado, emperador o rey. Pero… en un mundo globalizado, en el que las decisiones se toman en cualquier parte del mundo y repercuten en el otro medio ¿quién es el que manda?.

Vivimos sumidos en la invisibilidad. En un momento en el que no se cree lo que no se ve, o sólo se ve lo que se cree, somos incapaces de contestarnos sobre quién es el que rige las políticas monetarias o modifica a su antojo el estado del bienestar de terceros. Parece que la globalización ha dado permiso a seres invisibles a instalarse en el patio de nuestra casa y guiar las políticas de quienes con buena fe elegimos. En realidad, el que las cosas sean tan patentes, que las noticias fluyan con tanta rapidez y que el culto a lo visual sea tan evidente, no nos aclara para qué votamos a unas personas que luego no sabemos si realmente mandan. Desde este punto de vista hemos de aceptar que al igual que la globalización nos acerca los unos a los otros también nos resta poder. Pero ¿tanto?

Entonces, si no tenemos claro quién es el que manda… ¿a quién le protestamos? Bueno, esto quizás sea más fácil. Podemos elevar nuestros pesares y reprobaciones a quienes elegimos. Pero el que lo hagamos no termina de explicar por qué a ellos sí y a los auténticos causantes de tanto destrozo ecológico, pelotazo financiero, por poner un ejemplo, no. ¿Cómo responsabilizamos a ese tráder que opera desde un rascacielos de la City de que el precio del arroz o la soja provoque miles de muertos por culpa de su especulación? o ¿cómo responsabilizamos, también, a esos consejeros que estando al frente de las Cajas de Ahorro se van a ir de rositas a pesar de haberlas hundido por sus decisiones interesadas? ¿Seguro que no eran ellos quienes mandaban durante el boom inmobiliario?

Tanta visibilidad y evidencia es el mejor antídoto para no ver nada. Cuando todo es tan claro y reluciente lo más fácil es que nos ciegue la luz. Tal es así, que en las cumbres del G-20 los medios de comunicación nos harán ver las algaradas de los antisistema. Nos mostrarán los destrozos sobre el mobiliario urbano y moveremos la cabeza en señal de repobración, pero olvidaremos, y si no lo hacemos nos encontraremos sin medios para protestar, que quienes mandan se sientan en unas sillas sobre las cuales tomarán decisiones que superan a lo que los representantes de los estados prometieron a sus electores.

NI HIERBA EN EL TRIGO, NI SOSPECHA EN EL AMIGO. Anónimo

La guerra de Iraq en el 2003 me sirve como ejemplo de lo que trataré de explicar. Algunas naciones fueron a la guerra con la disculpa de que este país ocultaba armas de destrucción masiva. No existía la certeza, pero cabía la posibilidad, y el hecho de que apareciera fue motivo para insistir en la misma certeza. En la decisión de declarar la guerrra primó la posibilidad. En la actualidad ocurre lo mismo con las listas electorales de Bildu. No hay certeza (de haberla estarían detenidos por colaboración con el terrorismo) de que entre los nominados a ediles haya personas que conspiren contra el Estado. En ambos casos, que pongo como ejemplo, prima el bien común y el principio de prevención, pero no la objetividad del hecho.

En las sociedades rurales de antaño era a la inversa. Las probabilidades quedaban para las previsiones meteológicas que pudieran influir sobre la cosecha. El resto era ponderable. En una sociedad tan compleja como la contemporánea las certezas quedan diluidas en favor de las probabilidades. De hecho, ese es el meollo de los juegos de azar, tan de moda hoy, la especulación bursátil o el ámbito de actuación de los seguros. En realidad todos sabemos que las posibilidades de ganar siempre las tienen quienes manejan la probabilidad, entre otras cosas porque bajo sus argumentos se desarrollan los hechos. Aún sabiéndolo, son muy pocos los que ahorran lo que podían destinar a los seguros y capitalizan con ello sus propios riesgos, y menos quienes han pedido a sus seguros de vivienda que les reduzca la pólíza porque el valor de sus casa ha bajado en los últimos años.

Estamos en una sociedad que no se edifica sobre realidades objetivas. Lo hace bajo el paraguas de la suposición y la creencia. La sospecha llevó a algunos a una guerra y la misma sospecha hace que se fijen acciones preventivas por aquello de que es mejor que lamentar. Por eso se mató a un joven brasileño en el metro de Londres cuando estaba instalada la paranoia del terrorismo islámico y por eso mismo los americanos crearon la base de Guantánamo. En todos los casos pudieron existir probabilidades (no sabemos en qué grado), pero no existían certezas. Primó el principio de la prevención y de la urgencia para justificar las atrocidades en los lugares de los hechos.

La habilidad de los políticos estuvo en justificar que no había más opciones. En resumen, era necesario y no existía la posibilidad de elección, cuando lo que estaba en juego era el bienestar colectivo. La precaución y la búsqueda de la certeza pasó a un segundo plano. No pensemos que esto es exclusivo de la política. Observemos cuántas veces despellejamos a terceros bajo suposiciones no contrastadas o cuántas verdades afirmamos basadas en la sospecha que después, una vez desenmascaradas, decimos que se hizo con las mejores intenciones.

Así que…¡cuidado! no es que el Gran Hermano vigile; es que estamos ubicados en la sospecha permanente en la que, además, se puede ser culpable hasta que no se demuestre lo contrario.


ESPAÑOLITO QUE VIENES AL MUNDO TE GUARDE DIOS. UNA DE LAS DOS ESPAÑAS HA DE HELARTE EL CORAZÓN de A. Machado

La Historia nos enseña que los Estados necesitan crearse enemigos para evitar malestares que terminen en algaradas, con el fin de aunar fuerzas y evitar frustracciones. Durante muchos años fueron disculpa de ello los terrorismos o los imperialismos colonizadores sin pararnos a pensar el por qué de ello y de las causas que los enjendraron. Pero… ¿ahora?, ¿en esta sociedad de más de 4 millones de parados en la que los individuos ni protestan, ni se indignan? En la que vivimos con la pereza mental de aceptar la fatalidad de recortes sociales que tantos esfuerzos costaron conseguir. ¿El Estado tiene necesidad de enemigos para evitar malestares en la población?

Hay motivos sobrados para revelarse contra los poderes económicos que dictan las políticas a los Estados, contra el descaro de una clase política corrupta, contra las ayudas bochornosas a las cajas de ahorro (cuántos políticos hay sentados en sus consejos que de dejarlas caer serían enjuicidos), contra las pérdidas de derechos sociales, descenso de sueldos, amiguismos empresariales o esquilmación de la naturaleza. A pesar de todo ello la sociedad está en calma, soportando con estoicismo y una pesadez crítica delirante algo que debiera remover las conciencias.

Quizás aquel poeta llamado Antonio dio con la clave cuando escribió: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”. Se trata del alma de este solar hecho a golpe de espada y leyes de reino. Este país no necesita enemigos externos que lo unan porque los tiene dentro. Va en sus venas. La España que hiela el corazón con sus corruptelas, pelotazos, ineficacia o baja cualificación profesional tendente a vivir del subsidio tiene en contra a la otra, mejor dicho las otras; la bien formada, la íntegra, la que trabaja y crea valor con honradez.

El Estado, éste que es de todos pero manipulan unos pocos, tiene motivos para tener a la gente en las calles protestando por causas como las señaladas, pero el enemigo que lo aúna y adormece las consciencias es el propio país, cosido con sus disputas y disyuntivas. Tierra quemada por luchas internas, en cuyo seno muchos nos consideramos apátridas, con la disculpa de no querer comprender lo que une y lo que separa. Y en la que los pueblos que la habitan nunca fueron preguntados sobre su destino, dándose por entendido que tantas almas distintas puedan vivir juntas aunque se nos hiele el corazón.


CÁNTARO VACÍO CON SÓLO AIRE HACE RUIDO. Popular

Dice el refrán que no hay más tonto que el que no quiere ver; en este caso, escuchar. Y como se trata de evitar que se oigan los pitidos al himno nacional de España en la final de la Copa de Fútbol, la Real Federación de lo mismo, por aquello del realengo a que hace honor su nombre, ha decidido que durante el tiempo que éste dure los asistentes al encuentro estarán sometidos a 100.000 watios de potencia que, puestos en el oído de cada uno, vienen a ser unos 130 decibelios. Con ello se pretende evitar lo que muchos ya sabemos, pero no es conveniente que se vea, perdón se oiga.

Que si no queréis el himno, pues tomad taza y media, ha debido de pensar alguno. Lo cierto es que quien mejor lo tiene para no escuchar es Su Majestad. Le basta con quitarse el audífono que lleva. Pero claro, no parece lo más adecuado cuando lo que allí va a hondear es una bandera impuesta por un general golpista, que además dejó como legado un himno y una letra -aunque ahora algunos la nieguen- que tiene mucho de falangista. Por otra parte, entre los asistentes, todos ellos en alguna medida contribuyentes, se va a producir la paradoja de que el único de todos ellos que va a cobrar una pasta gansa sin dar cuentas al fisco es Su Majestad, quien por aquello del audífono no oye a quienes le reclaman que dé explicaciones sobre en qué se gasta los cuartos.

Con la música elevada al volumen del umbral del dolor se pretende silenciar los desaires a un mantenido que se dirá que no gobierna, pero vive como un rey; que por cierto, no fue elegido en ningunas elecciones ni se sometió nunca al refrendo de las hurnas, aunque luego se pasea por el mundo ufanándose de estar a la cabeza de un país democrático en el cual se puede ejercer sin trabas la libertad de expresión. No se trata de volver a instaurar el himno de Riego, faltaría más, pero quizás al patriarca de los Borbones no le venga mal escuchar que no todo en esta vida pueden ser parabienes y besamanos, y más cuando en este país de tantas fatigas Su Majestad se sitúa constitucionalmente por encima del bien y del mal. O sea, como dios.


LOS MALES DE LA DEMOCRACIA PUEDEN CURARSE CON MÁS DEMOCRACIA de A. E. Smith

En ocasiones el Pepitogrillo que habita en mi sopla en el oido para recordarme que el ser crítico es un valor que no debo rechazar. Lejos de mi intención estará apoyar con mis palabras a Sortu, de la misma manera que a cualquier otro partido político, pero uno no llega a entender por qué hay que condenar nada. Me explico: no entiendo que personas sin condenas pendientes y que mantienen todos sus derechos civiles intactos (trabajan, pagan impuestos, viajan al extranjero, pueden ejercer el derecho al voto…) tengan que condenar explícitamente la violencia de ETA.

El que suscribe no está a favor, ni justifica a los pistoleros pero, por dios, que nunca se me ocurrió que en este país era obligatorio condenar el hecho. Y si así fuera, aseguro que por mis bemoles que no lo haría, pero no porque no lo haga en mi interior sino porque mañana a algún iluminado se le puede ocurrir la obligación de condenar a los obesos, a los fumadores…o vaya usted a saber. Si los miembros de Sortu tienen conexiones con ETA, pues que se demuestre y se les detenga con pruebas. En el estado de derecho, para bien o para mal, las suposiciones no valen. Son necesarias las pruebas. Y si el tribunal no permite el registro del nuevo partido porque hay hechos que avalan su conexión con los violentos no se por qué no se les detiene y se les juzga como dios manda.

Uno espera de quien acusa que aporte pruebas concluyentes que sirvan para enjuciar a unos e ilegalizar a Sortu, pero resulta extraño que lo primero no se produzca pero sí sirva para lo segundo. Por otra parte resulta preocupante que la resolución se ejecute en función de valoraciones o reservas sobre lo que se piensa que puede ser la naturaleza de la agrupación. Además, se le pide al acusado que aporte la carga de la prueba de su regeneración cuando en el sistema judicial español es algo que corresponde al acusador.

Repito que no es necesario comulgar con las ideas de Sortu, de la misma manera que no lo es con La Falanje Española -con largo historial de muertes y represión- o con Fuerza Nueva y su exhibición de símbolos fascistas (ambos partidos legalizados y de ideas totalitarias), para pensar que en este caso hay algo que no convence.