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Category Archives: VIAJES


Hace unos años tuve la oportunidad de visitar el Lago Rosa y viajar por las playas donde terminaba el rally París-Dakar. En ese viaje descubrí la importancia del tubo de escape alto, de usar vehículos con tracción a las cuatro ruedas y poco pesados, de deshinchar las ruedas y de que en la noche, pase lo que pase, no se para. La cosa estuvo acompañada de algún accidente, del consabido soborno en las fronteras y sobre todo gracias a la pericia del guía (recordad que en el desierto no hay señales de tráfico) de un viaje afortunado.

Allí aprendí que el legendario rally se cobraba por término medio dos víctima civiles ajenos a la carrera al año, que los vehículos dañaban pistas e inutilizaban puentes que luego tenían que reparar los lugareños. Aunque la organización surtía de gasolina a los participantes (60.000 litros por etapa), no era raro que se requisara ésta a las poblaciones cercanas. El moderno espectáculo ignoraba por completo la realidad de una de las zonas más pobres del planeta y desplegaba fastuosos medios técnicos y médicos que sólo por sí mismos hubieran servido para mejorar la vida de los pobladores.

En ese rally los fabricantes provaban sus prototipos antes de salir al mercado, los periodistas fabricaban mitos que luego los espectadores desde el sofá de casa subían a los altares. En última instancia, la carrera era un exaltación al automóvil aunque el artefacto fuera ajeno a los empobrecidos habitantes por donde pasaba. En realidad, era un pasatiempo para los blancos que pudieran pagar su inscripción en él y un negocio para muchas compañías de seguros, fabricantes y proveedores de servicios.

La ayuda humanitaria con que los organizadores justificaban lo absurdo de su conducta pocas veces llegó -por otra parte, logísticamente muy complicado- a los poblados más alejados. En el camino quedan recuerdos en forma de chatarra comida por el viento del desierto en un ejemplo de cómo no debe usarse la tecnología. Al-quaida del Magreg detuvo la realización del rally. En realidad, debiera haber sido el sentido común ante tanta arrogancia que demostró Occidente con sus pilotos jugando a realizar hazañas y los fabricantes a ser dioses de la mecáncia.

A modo de nota final: A quien suscribe para darle a la tecla le hace falta el espíritu necesario para emprender la tarea, tener algo que decir y enfrentarse a la cábala de la reflexión con sosiego. Es por ello que me tomo unas vacaciones que intuyo un poco largas. Hasta la vuelta un deseo: que os vaya bien a todos y le saquéis a la vida toda la chispa que lleva. Nos vemos.

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A MALAS PIERNAS, BUENAS MULETAS Anónimo.

¿Quién no se ha planteado paseando por las salas del Museo Británico de Londres, mientras se contemplan los bajorrelieves del Partenón de Atenas, o contemplando las piezas expuestas del antiguo Egipto en el Louvre de París cómo llegó todo eso hasta allí? Durante los siglos XVIII y XIX los arqueólogos trataron de salvar aquellos tesoros de su desaparición y, siguiento la mentalidad de la época, tomaron de sus colonias lo que consideraban suyo. De esta forma, se fueron llenando los museos con piezas de extraordinario valor que sus legítimos propietarios despreciaban. Cuando las colonias consiguieron la independencia de las metrópolis, los mismos museos completaron las colecciones comprando sin escrúpulos a saqueadores y ladrones de arte.

En la actualidad Grecia, Egipto y Turquía reclaman, y en alguna ocasión consiguen, que se les devuelva parte del patrimonio expatriado. Es lo que ocurrió con el Tesoro Lidio (363 piezas de oro del siglo VII a. C.) que el museo Metropolitan compró por 1,5 millones de dólares a sabiendas de que eran fruto del saqueo en Turquía. Lo triste es que, ya de vuelta en su país, la colección fue visitada en cinco años (769 entradas vendidas) por la misma cantidad de personas que en el anterior museo lo hacían al día. Pero lo más grave es que los mismos conservadores robaron piezas para pagar sus excesos en el juego y la prostitución. Por otra parte, Grecia sí dispone del magnífico Museo de la Acrópolis, donde tiene previsto instalar los 75 metros del friso del Partenón que reclama al Museo Británico.

La sección de antigüedades del Museo Getty, en la persona de su conservadora Marión True, también se vió condenado a devolver obras adquiridas con el conocimiento de su procedencia robada. Lo más sorprendente es que los argumentos de los museos para proceder de esa forma van en la línea de proteger las obras y de que en ningún sitio están mejor guardadas que en los países ricos con amplios presupuestos para su conservación.

Posiblemente cuando empezó todo hace 200 años fuera compresible que los arqueólogos actuando de buena fe y considerando a las colonias como algo propio actuaran de la forma en que lo hicieron, pero, desde luego, por ejemplo que el exdirector del Metropolitan dispusiera de presupuestos (850.000 dólares en 1959) anuales para adquirir piezas robadas es algo que se debe explicar; o por qué en las agendas de algunos directores museísticos investigados aparecen contactos de algunos contrabandistas perseguidos por la policia (Thomas Hoving del Metropolitan).

EL DESTINO MEZCLA LAS CARTAS, Y NOSOTROS LAS JUGAMOS de A. Schopenhauer

Hay viajes que dejan huella, y más cuando te cuentan quienes han estado los cambios experimentados después en algunos lugares. Este es el caso del Monasterio de Rila. Tuve la fortuna de visitarlo cuando todavía no había caido el telón de acero y Bulgaria era un país comunista con la estrella roja de cinco puntas por todos los lados. Este singular monasterío se encuentra a una distancia de 120 kms de Sofia (sin acento en la i latina) y se hubica a 1.100 mts de altura y a los pies de unas montañas de más de 2000 mts de altitud.

Desde su fundación en el siglo X por un hermitaño llamado Juan, Rila ha sido la piedra angular de la historia de Bulgaria. Llegamos hasta allí después de sortear los tormentos de controles policiales, dormir en la calle o conducir por un país cuyo combustible por entonces era el benceno. Nos encontramos una nutrida comunidad monacal ortodoxa dentro de un complejo arquitectónico reconstruido en el siglo XIX formado por un patio central rodeado por cuatro pabellones bellamente decorados.

Al viajero de por aquel entonces causaba sorpresa cómo en una Bulgaria comunista podía haber una comunidad religiosa tan joven. Eramos pocos quienes, sin pertenecer a alguna organización política afin al régimen, podíamos llegar hasta ese lugar tan singular hoy apenas ocupado por media docena de monjes. De ese viaje quedaron anécdotas como la del cambio de divisas parando ascensores entre dos pisos, que en algún lugar nos trataran con deferencia por creernos miembros de las juventudes del Partido Comunista de España, las horas de la policía de fronteras visionando videos que llevabamos para entretenernos….

Pero desde luego, lo que quedó en nuestras retinas para la historia fue Rila. Por lo demás, Bulgaria era un país destartalado con las típicas fotografías que ocupaban un edificio de cinco plantas con el obrero del mes, sin restaurantes y con la única opción de acudir a comer a los buffet de las empresas en las que por unas pocas monedas comías con los trabajadores y presenciabas cómo llenaban jarrones (literal) y cántaros de leche con cerveza.


LA TERNURA ES EL REPOSO DE LA PASIÓN de J. Joubert

Uno tiene la impresión de que vivimos en una sociedad con demasiados conocimientos que masticamos y engullimos sin asimilarlos. De esta forma viajamos y visitamos lugares como si fuéramos exploradores que tienen que encontrar aquello que la agenda de viajes marca como imprescindible. Tendemos, además, a ser etnólogos o antropólogos cuando nos falta tiempo para con una mirada rápida interpretar y comparar otras culturas con la nuestra. De esta forma, nos ocurren cosas curiosas, como por ejemplo analizar la naturaleza de los lugares que visitamos con ojos de ciudadanos del primer mundo, mientras que para los habitantes del tercer mundo este análisis no existe porque ésta no la entienden sin formar parte de ella.

Algo parecido ocurre con el turismo rural. Viajamos hasta el alojamiento y desde allí seguimos viajando por los alrededores con el ansía de querer aprovechar para ver -que no conocer- lo más posible. Por eso, el que suscribe, prefiere el viejo concepto de principios del siglo pasado de Casas de Reposo. Así, con mayúsculas y entendido como lugar al que se llega sin prisa, en el que lo importante es la mirada al interior del cuerpo y la mente. Quien de esta forma viaje buscará reponer fuerzas con comidas muchas veces frugales y vigorizantes paseos por la naturaleza. Se sentará a leer un libro sobre una hamaca o recostado a la sombra de un árbol. Las horas se le harán largas y fijará su vista en cosas como el color del cielo o la oscuridad de la noche. Es muy posible que disfrute de la charla apacible con algún desconocido, al tiempo que hace de la flexibilidad existencial una virtud.

Es bueno volver a lo simple y viajar a las Casas Rurales con una visión higienista de la psiqué y el cuerpo. Y es que, en la práctica, somos pacientes de una sociedad de las prisas, de las dietas, el trabajo, la casa….. Necesitamos descansar y, cuando lo hacemos, muchas veces organizamos unos viajes que nos agotan más. Seamos inteligentes, reposemos y afrontemos el tratamiento que nos puede ofrecer gratuitamante la naturaleza o un buen baño realizado con calma. Quitémonos esas pesadas zapatillas pensadas para trotar y demos un paseo descalzos por la hierba. Tumbémonos al sol o hagamos ejercícios tonificantes al frescor de la mañana, y acompañémoslo todo con comidas livianas y buena charla.

Velemos por nuestra salud queriéndonos un poco y reconociendo que nuestros cuerpos enfermos necesitan, en muchas ocasiones, una cura de reposo en lugares tranquilos y alejados del teléfono móvil y del ordenador. Entreguémonos a la buena vida, a la que se dieron los señores y damas del siglo XIX en balnearios y sanatorios apartados, al igual que Hipócrates en la isla de Cos, y si lo hacemos, por ejemplo, mientras leemos la Montaña Mágica de Thomas Mann, mejor.


LA VIDA ES UNA CARRERA DE RELEVOS. PUEDES GANARLA EN OTRA GENERACIÓN de V. Butulescu

Hace 20.000 millones de años -el Mioceno- este hermoso planeta azul era un edén. Estaba cubierto por inmesos bosques, lagos y extraordinarias praderas. En ese momento de la prehistoria, y al abrigo de un clima tropical, se produjo un hecho relevante que marcó el devenir de los primates: la orientación de la colocación de los ojos varió. Mientras que el resto de los animales conservaron la visíón perimetral a los costados con el fin de poder ver a los posibles atacantes, nuestros antepasados, porque lo eran, variaron la colocación de sus córneas al frente. Con ello perdieron la ventaja del resto de los animales, que ya no necesitaban para vivir en los árboles, pero ganaron en una visión estereoscópica que les permitía calcular mejor las distancias para desplazarse entre las ramas.

El paso del Mioceno al Plioceno fue duro. Del edén se pasó a una sequía que duró 12.000 millones de años, donde llovió poquísimo y se creó un hábitat parecido al de las actuales sabanas africanas. La vida se tornó muy dura para aquellos seres que habían desarrollado unas manos hábiles y unos brazos fuertes para desplazarse por los árboles. Su dieta basada en las frutas escaseó y se vió forzado a descender a las praderas, donde sus capacidades de defensa eran escasas. Allí abundaban las gramíneas y resultó que, entre ellas, eran presa fácil de los depredadores por lo que hemos dicho: carecían de visión perimetral y además no podían ver por encima de ellas. En esta parte de la prehistoria se producen otros dos hechos relevantes que nuestros antepasados nos dejaron en herencia. Por una parte, aquella tropa de desventurados aprendió a caminar sobre dos piernas con el fin de poder ver a sus posibles atacantes sobre las gramíneas y por otra, descubrió que éstas eran más nutritivas que las frutas.

Incluir en su dieta los granos de trigo, mijo o avena que se encontraban esparcidos por el suelo les exigió que desarrollaran un habilidad extraordinaria entre el dedo pulgar y el índice. Llegado el Pleistoceno, nuestra época, que se distingue porque ha habido un poco de todo, nuestros antepasados andaban sobre dos piernas, tenían una motricidad fina en los dedos de la mano, conservaban la misma disposición ocular de los ojos que nosotros pero todavía disponían de unas mandíbulas grandes y potentes para poder defenderse. Es en este momento cuando, fruto de una mutación o de la necesidad de juntar los dientes para que los granos no se perdieran entre ellos, los primates se deshacen de los colmillos y reducen su capacidad bucal, al tiempo que aumentan el tamaño del cerebro. Definitivamante pierden toda la capacidad natural para defenderse de los grandes depredadores. Pero es que descubren que tallando piedras y huesos pueden construir armas de defensa.

¿Y qué hacer con el animal muerto? Pues comerlo. Nuestro homínido se hace carnívoro -en realidad lo somos desde hace 2 minutos en la Historia- y aprende a matar. Se hace cazador y poco a poco se va olvidando del gremio y del bienestar colectivo. Sus acciones se vuelven más competitivas y siente placer con la violencia. Ya no mata para alimentarse, como el resto de los depredadores, lo hace, además, para ejercer influencia sobre el territorio o para conquistar espacios que satisfagan su ego. Este comedor de frutas primero y cereales después, cuando se hace carnívoro y desarrolla el intelecto lo hace con fines aviesos para el resto de la naturaleza, a la que esquilma sin compasión y de la que se vale para su lucro como si tuviera el monopolio de la propiedad.

INTELIGENCIA MILITAR SON DOS TÉRMINOS CONTRADICTORIOS (Anónimo)

Me encanta. Ya están los mismos tertulianos de siempre actuando como papagayos y sabelotodos con lo que pasa en el Magreb. Los unos que si hay que apoyar los movimientos de los manifestantes; los otros, que si la Unión Europea tiene que hacer algo; los de más allá, que si la crisis del petróleo en Libia o el gas en Argelia. Todos con sus lindezas y soluciones de chicos listos. Pero ninguno puede responder hacia dónde caminan los movimentos emprendidos en esa zona del Mediterraneo (bueno, los habrá que en su osadía no lo duden).

Está claro, quieren eliminar sus regímenes dictatoriales, pero para establecer…¿qué y con qué matices? ¿Lo saben? De momento es todo un misterio. Tan sólo conocemos su ansia de eliminar sus gobiernos despóticos y sus tripas vacías. Posiblemente todos tengamos simpatía hacia quienes se manifiestan en las calles, pero….¿conocemos su ideología?, ¿somos capaces de entrever a unos líderes capaces de llevar a cabo las reformas? Recordemos que la bandera de la libertad ya la enarbolaron los que hasta ahora han sido amigos (Gadafi en Libia o Mubarak el Egipto).

Hay quien en su elocuencia aboga por una intervención militar (que se lo recuerden a los dos pilotos del ejército Holandes apresados por Gadafi) sin preguntarse si nos lo han pedido. Otros imploran la ayuda humanitaria, pero obvian las lecciones moralizantes que solemos dar los europeos con nuestros actos y lo hartos que están muchos musulmanes del diablo occidental. Y por último los hay quienes, olvidando lo que pasó en Serbia y lo poco efectivas que fueron, piden sanciones económicas que al final pagará la población civil.

Seamos sensatos: proporcionemos ayuda humanitaria respetando las costumbres del lugar, pero seamos conscientes de que aún no han aparecido, en las zonas afectadas, personas con capacidad de dirigir los movimientos y de orientar el previsible desarrollo de los acontecimientos. No hay interlocutores con el peso suficiente en los que Europa se pueda apoyar para proporcionar ayuda. Cuando hay tanto misterio por resolver parece que lo más aconsejable es no meter la pata por introducirla en el avispero y, sobre todo, no jugar a aprediz de brujo en una zona en la que no se conoce la fuerza del integrismo musulmán en unos lugares en los que el día del rezo se convierte fácilmente en el día de la ira.


LA VENGANZA ES EL SUEÑO DEL HOMBRE DESPIERTO de Aristóteles

Los coptos son los descendientes racialmente más genuinos de los antiguos habitantes de Egipto, y gracias a su lengua se logró interpretar los jeroglíficos. Afirman que fue San Marcos quien fundó su primitiva iglesia en el país de las pirámides. Y como religión cristiana humilde que es siempre me encontré sus pequeños templos en los lugares con más raigambre de países como Turquía, Israel, Grecia y por supuesto Egipto.

En la tierra de los faraones representan el 10 % de la población, y aunque muchos de ellos se manifiestan adiario en la plaza Tahrir seguramante no olviden que fue Mubarak el único que durante bastantes años los protegió. Es así, secularmente han estado sometidos por la mayoría musulmana y en numerosas ocasiones han visto sus templos incendiados (en la última ocasión una bomba en Alejandría ocasionó 30 muertos). Los coptos quieren un cambio democrático pero no olvidan y lo hacen muchos de ellos manifestándose a favor de Mubarak ante el temor de que se produzca en el país una islamización radical que les perjudique.

Constituyen junto con los Nubios una minoría importante (más de 7 millones) y se encuentran en Egipto desde antes de que en el sigloVII llegara la religión musulmana a sus tierras. A pesar de ello no tienen ninguna representación en los diálogos con el poder. Y esto es importante porque los acuerdos que allí se tomen se harán previsiblemente desde la óptica del mundo musulmán. Los coptos no olvidan que fueron radicales musulmanes quienes en numerosas ocasiones los acuchillaron, vejaron o destruyeron sus templos. Rezan con ellos en la plaza Tahrir, pero desconfían de que los Hermanos Musulmanes estén por una Constitución laica.

Escribo este artículo por el recuerdo de las veces que los vi en sus templos, por las ocasiones en las que recorrí sus barrios y sobre todo porque guardo en mi retina la primera vez que, en la parte vieja de Jerusalén, me los encontré paseando por de la Vía Dolorosa. Se lo debo.


LA NATURALEZA NO HACE NADA EN VANO SIN PROPÓSITO O SIN UTILIDAD de Aristóteles

Hagamos un apartado a tanta tecnología de la comunicación urbana concretada en el bullicio de las autopistas, el ajetreo de las carreteras o el nerviosismo de los trenes de alta velocidad, y concedamos un espacio a las Cañadas Reales y a las vías verdes. Por lo general, constituye un placer pasear por ellas disfrutando de paisajes fascinantes realizando etapas cortas en bici o andando. Normalmente las encontraremos bien señalizadas a lo largo de lo que fueron antiguas vías de ferrocarril. Recorrerlas no constituye grandes penalidades para el viajero, ya que los trazados que seguían las antiguas máquinas de vapor buscaban minimizar las cuestas y acercar a los pueblos próximos.

Donde en su día hubo traviesas, en la actualidad hay caminos agradables y algunas estaciones que han hallado otro acomodo como albergues o Centro de Interpretación de la Naturaleza. Encontraremos misteriosos túneles, oiremos el canto de los pájaros y disfrutaremos de paisajes típicos. Son recorridos accesibles, además de fascinantes, para quienes disfrutan de la naturaleza y la quietud del campo. Su uso está llamado a convertirse en un recurso al ocio y una alternativa donde poder practicar deporte al aire libre bajo unos principios medioambientales.

En el estado español hay unos 1.800 kms de vías preparadas para disfrute, que se distribuyen en tramos para todos los gustos. De esta forma, encontraremos deliciosos trayectos cortos de 6 kms junto con otros de hasta 56 kms, más exigentes y aptos para deportistas. Entre medio se encuentra un amplio abanico de posibilidades y distancias para colmar los gustos de paseantes exigentes o bulliciosas familias. En su día constituyeron sinónimo de progreso en forma de Cañadas para la trashumancia del ganado; más tarde acercaron a la gente surcadas por vagones de madera y máquinas de vapor y hoy son legados del pasado para nuestro disfrute y placer.

Ahí queda la invitación.


EL ARTE DE AGRADAR ES EL ARTE DE ENGAÑAR de L de Clapiers

Siendo niño pasé unos maravillosos años en la ciudad de Burgos. De esa época viene mi pasión por la historia y el arte -en particular, el medieval-. Fui de esos chavales afortunados que jugó partidos de fútbol junto a la tapia del Monasterio de las Huelgas, que se iba a pasear con sus amigos en bicicleta hasta el también monasterio de Cardeña y que frecuentó con asiduidad -siguiendo la Cañada Real transitada por ovejas- la Cartuja de Miraflores en la que el fraile portero vendía estampitas de San Bruno y rosarios con perfume de rosas.

Fueron muchas las veces que nos aupamos a la tapia de esa Cartuja, fundada en 1442 por Juan II de Castilla y de León, pero en realidad ejecutada por su hija, la célebre Isabel la Católica. Su entrada siempre fue libre y era frecuente ver a los monjes de clausura dedicados a la oración, al trabajo en el huerto o paseando, con la capucha puesta y las manos entrelazadas en el interior de las mangas, por el pequeño claustro exterior. La iglesia es de un gótico de finales del siglo XV, en la que sobresale un impresionante retablo de Gil de Siloé realizado en madera de nogal y revestido de dorados y policromías al que el mismo autor acompañó con los sepulcros reales cincelados primorosamente sobre alabastro.

Fueron muchas las ocasiones en las que hasta allí acudimos para ver cómo arribaban los autobuses con turistas. Y fueron más las veces que nos metimos en el interior del claustro, que da acceso a la entrada a la iglesia, para guarecernos del frío y de la nieve burgalesa. En verano, y con la llegada del sol, constituía un placer obligado almorzar en la cercana arboleda de Fuentes Blancas y acercarse al río para bañarse. A aquellos monjes silenciosos, al igual que a los de Cardeña, les debo mi admiración por la espiritualidad de las órdenes contemplativas y mi pasión por el trabajo de los canteros.

Es difícil entender la orden de los cartujos sin las campanas. Las mismas que durante siglos escucharon los lugareños cercanos indicándoles, por ejemplo, el Ángelus. Y sí, uno se sintió muchas veces aventurero siguiendo los pasos los Cid Campeador montado en su caballo Babieca y desenvainando la Tizona mientras hacía jurar al rey que él no había tenido parte en la muerte de su hermano. Desde entonces tengo el convencimiento de que las mejores historias son las que se viven, y la mejores piedras son las que se tocan. Quizás sea por ello -y culpa tienen los frailes- que me encante manosear lo que en los museos se expone a riesgo de ser reprendido.