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Category Archives: EDUCACIÓN

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de ésto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

ALBERT EINSTEIN

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LA TERNURA ES EL REPOSO DE LA PASIÓN de J. Joubert

Uno tiene la impresión de que vivimos en una sociedad con demasiados conocimientos que masticamos y engullimos sin asimilarlos. De esta forma viajamos y visitamos lugares como si fuéramos exploradores que tienen que encontrar aquello que la agenda de viajes marca como imprescindible. Tendemos, además, a ser etnólogos o antropólogos cuando nos falta tiempo para con una mirada rápida interpretar y comparar otras culturas con la nuestra. De esta forma, nos ocurren cosas curiosas, como por ejemplo analizar la naturaleza de los lugares que visitamos con ojos de ciudadanos del primer mundo, mientras que para los habitantes del tercer mundo este análisis no existe porque ésta no la entienden sin formar parte de ella.

Algo parecido ocurre con el turismo rural. Viajamos hasta el alojamiento y desde allí seguimos viajando por los alrededores con el ansía de querer aprovechar para ver -que no conocer- lo más posible. Por eso, el que suscribe, prefiere el viejo concepto de principios del siglo pasado de Casas de Reposo. Así, con mayúsculas y entendido como lugar al que se llega sin prisa, en el que lo importante es la mirada al interior del cuerpo y la mente. Quien de esta forma viaje buscará reponer fuerzas con comidas muchas veces frugales y vigorizantes paseos por la naturaleza. Se sentará a leer un libro sobre una hamaca o recostado a la sombra de un árbol. Las horas se le harán largas y fijará su vista en cosas como el color del cielo o la oscuridad de la noche. Es muy posible que disfrute de la charla apacible con algún desconocido, al tiempo que hace de la flexibilidad existencial una virtud.

Es bueno volver a lo simple y viajar a las Casas Rurales con una visión higienista de la psiqué y el cuerpo. Y es que, en la práctica, somos pacientes de una sociedad de las prisas, de las dietas, el trabajo, la casa….. Necesitamos descansar y, cuando lo hacemos, muchas veces organizamos unos viajes que nos agotan más. Seamos inteligentes, reposemos y afrontemos el tratamiento que nos puede ofrecer gratuitamante la naturaleza o un buen baño realizado con calma. Quitémonos esas pesadas zapatillas pensadas para trotar y demos un paseo descalzos por la hierba. Tumbémonos al sol o hagamos ejercícios tonificantes al frescor de la mañana, y acompañémoslo todo con comidas livianas y buena charla.

Velemos por nuestra salud queriéndonos un poco y reconociendo que nuestros cuerpos enfermos necesitan, en muchas ocasiones, una cura de reposo en lugares tranquilos y alejados del teléfono móvil y del ordenador. Entreguémonos a la buena vida, a la que se dieron los señores y damas del siglo XIX en balnearios y sanatorios apartados, al igual que Hipócrates en la isla de Cos, y si lo hacemos, por ejemplo, mientras leemos la Montaña Mágica de Thomas Mann, mejor.


UN HOMBRE TIENE QUE TENER SIEMPRE EL NIVEL DE DIGNIDAD POR ENCIMA DEL NIVEL DEL MIEDO de E. Chillida

Como en casi todo en la vida, no debe bastar con decir ” estoy indignado”. Hace falta añadir un plus a la frase y aportar las ideas. Es lo que me propongo con este escrito: dar razón de por qué quien suscribe está enfadado. Y lo estoy porque:

– Me parece vergonzoso que para poder adquirir uno de los derechos fundamenles que consagra la Constitución, como es el acceso a una vivienda, le suponga a mucha gente estar entrampada de por vida.

– No es de recibo que personas excelentemente formadas, después de un coste económico y personal importante, no puedan acceder a un trabajo o que deban emigrar los más capaces.

– Es humillante que para hacer cuadrar unas cuentas gestionadas por manirrotos se ponga en entredicho un estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones…) que tantos esfuerzos costaron a nuestros antepasados.

– Vemos desconsolados cómo priman más la economía y la especulación de los productos que la democracia de carácter social.

– Es de sinvergüenzas que banqueros con contratos blindados y bonus por beneficios impongan comisiones bancarias o cláusulas leoninas sobre las cuentas de quienes tienen poco por aquello de la Ley del Mercado.

– La avaricia de quienes riguen las decisiones financieras de una economía dirigida por unos seres invisibles que compran, venden, especulan e influyen en las decisiones de Gobiernos soberanos.

– Es impresentable que la Casa Real, nunca elegida democráticamente, se valga de Patrimonio Nacional, de los yates -regalos de empresarios- y de unos presupuestos del Estado -sobre los que no da razón de gastos- para seguir viviendo como reyes en una sociedad cada vez más empobrecida.

– Hay motivos para recelar de un sistema financiero, que ha creado la mayor crisis mundial desde la segunda guerra mundial, al que se le sanean las cuentas sobre la espalda de parados, pensionistas y trabajadores que no fueron culpables de nada.

– Es patético que los partidos políticos, a pesar de tener gente honesta, estén gobernados por prepotentes, que a falta de nada mejor, hacen carrera al abrigo del partido. Y porque éstos, a su vez, están siendo superados por la exigencias de los mercados y las agencias de calificación.

– El consumo de masas en centros comerciales los sábados por la tarde o en grandes eventos deportivos se hayan convertido en una nueva religión que responde a una propaganda del despilfarro.

– Los codazos y amiguismos por lograr objetivos y ser triunfadores conlleven, en muchas ocasiones, la indiferencia ante las penurias del vecino.

– Los objetivos del milenio hayan quedado supeditados a la crisis en un momento en que la tecnología puede llegar a cualquier parte del planeta y en el que es factible terminar con el hambre y la desnutrición en el mundo.

– A pesar de saber que las guerras constituyen un gran fracaso para la humanidad asistamos indolentes a cómo por los cuatro rincones del mundo hay hogueras encendidas sin que los prohombres que dirigen el mundo se sienten a apagarlas.

– Es reprobable que los avances técnicos y la especulación de los mercados no vayan en consonancia con la ética; y así, asistimos impasibles a cómo mientras los jóvenes no trabajan los mayores tienen que sustentar a los primeros añadiendo más años a su vida laboral.

– Constituye un sin sentido que el capital y la especulación hayan desplazado al Hombre -sujeto de las cosas- a ser útil en la medida que consume.

– No podemos permanecer impasibles ante unos usos industriales y domésticos que están haciendo del planeta un estercolero.

– Es una temeridad considerar la estracción de las materias primas como capital gratuito sin ponderar los destrozos medioambientales ejercidos sobre el planeta.

– Ya no hay motivos para creer a unos políticos carentes de ideas, que subordinan sus políticas a permanecer en la poltrona del poder aunque se tengan que lanzar a degüello del oponente con exabruptos y descalificaciones.

– Es indignante que el uso de la Ley Electoral sólo sea para elegir a unos políticos olvidadizos de promesas y no se use, también en un desprecio a la ciudadanía, para consultar las grandes políticas del País.

– Hay motivos para enfadarse por no estar enjuiciados todos esos políticos y sindicalistas que han estado en los Consejos de administración de unas Cajas de Ahorros quebradas por su mala gestión.

– No son de recibo los previlegios de nuestros políticos en forma de salarios, dietas, años de cotización o cobro de pensiones sean diferentes al del resto de los ciudadanos.

– Es impresentable que seres anónimos y con convertura legal especulen sobre materias primas (arroz, soja, trigo…), hundan empresas mediante derivados o influyan en decisiones de gobiernos.

Podemos seguir añadiendo más por qués, pero muchos de quienes luchamos por la llegada de la democracia, quienes corrimos por las calles, a quienes nos tocó arrimar el hombro entonces, no era ésto lo que queríamos. Nos importaba por encima de todo el Ser Humano como centro desde el que había que hacer un mundo más justo y al servicio del cual debieran estar la economía y las finanzas.


EL TIEMPO ES EL MEJOR AUTOR; SIEMPRE ENCUENTRA UN FINAL PERFECTO de C. Chaplin

No tengo tiempo, decimos; corremos tras él tratando de agarrar el futuro. Sin embargo, el escritor Bertolt Brecht hizo esperar a Godot, y el coronel de García Marquez se pasó toda la obra esperando que le llegara una carta. Les sobraba el tiempo. Las sociedades rurales del pasado medían éste por la fechas patronales y los estados de la Luna. Las mismas sociedades hoy viven en la inmediatez. Poco importa la fecha del calendario si el enólogo dice el día y la hora del comienzo de la cosecha, por ejemplo. En general, la aceleración está presente en todos nuestros actos. Controlamos los tiempos de las tareas, medimos la productividad; corremos, en definitiva, para resaltar el valor de la eficacia. Poco importa lo que dejemos por el camino. Se trata comprimir el tiempo para ser rentables.

La actividad diaria de los procesos está marcada por las fórmulas de la física, en las que se trata de hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible (podemos aplicar otras: Tiempo = Trabajo realizado dividido por la potencia con que se realiza). Con ello, conseguimos que el tiempo de “vida” de las cosas se acorte porque envejecen con mayor rapidez, quedando inservibles. Tal es así, que ya se pueden hacer museos que recojan cosas que quedaron aparcadas en dos décadas (ejemplo: los teléfonos móviles o todo lo referente a la informática). La Historia ya no la cuentan venerables ancianos sentados en el sillón de su casa. En realidad, quien lo hace lo ejecuta con tal rapidez que se pierde la noción de lo contado.

La abreviación que hacemos de las cosas puede hacer que ignoremos hasta en dónde estamos, y que cuando nos tengamos que definir no sepamos si formamos parte de la época moderna, posmoderna, del estado del bienestar, de la comunicación, de la biotecnología….¿En qué sociedad vivimos? En realidad, es muy posible que para cuando lo hayamos definido ésta haya cambido tan rápido que haya dado, a su vez, lugar a una nueva. La indefinición -el conocer aquello de lo que formamos parte, pero ser incapaces de definirlo- puede crear problemas. De hecho, uno tiene la impresión de que damos tal aceleración a nuestros actos que en la práctica nos hacemos invisibles, y esto se puede concretar en nuestras relaciones de vecindario. ¿Seguro que conocemos a quienes habitan en nuestro propio portal?

En la actualidad trabajamos menos horas que nuestros antepasados. Los franceses incluso tienen la “semana Peugeot”, en la que sólo trabajan cuatro días; pero no podemos estar seguros de que los ratos de ocio resultantes no sean también para seguir acortando los tiempos. Parece que corramos con el fin de atrapar el futuro. Es más, tratamos de preverlo, de saber cómo va a ser. Nuestra incertidumbre trata de anticiparse, y lo hacemos tanto en el plano laboral tratando de ser los primeros en colocar nuestros productos, como en el personal de nuestras relaciones con los demás (queremos ser también los primeros en la cola del autobús, en la frutería,…). Y uno se plantea si tanto alimento ingerido a bocanadas, sin tiempo para una reposada digestión, no dará problemas de estreñimiento para los que harán falta laxantes (de los que podemos hablar en otras ocasiones).


NOS DUERMEN CON CUENTOS de L. Felipe

La penumbra, al igual que el crepúsculo o la media luz del circo o el teatro, favorecen los cuentos. Por eso, dichos a la luz del día y con los sentidos en plena forma es más difícil que convenzan. Hace falta crear un universo en el que los personajes y espíritus participen con unas leyes distintas a las cotidianas. Tanto para su inicio como para su final necesitan de frases rituales para crear y romper el hechizo. Eráse una vez…., En un país muy lejano…Hubo una vez….son muletillas de comienzo que introducen al oyente en el mundo de lo onírico, y que a su vez se rompe bruscamente con otras frases mágicas como Colorín colorado…Y fueron felices y comieron perdices….etc.

La unidad de los cuentos la crean personajes fantásticos de radicalidad extrema. De esta forma, participan hermosas princesas y horrorosos personajes que embrujan la trama ataviados de varitas mágicas, cucuruchos puntiagudos, túnicas o estrellas. El destino de las historias no es la razón. Al contrario, buscan estimular la imaginación mediante signos universales que lleguen a lo más profundo de la mente y para ello los personajes se transportan a mundos irreales en los que tienen que superar pruebas y luchar contra seres fantásticos.

Todos hemos sido acostados con cuentos y hemos visto la cara de sorpresa, con los ojos bien abiertos, en muchos niños. Pero….y ¿nosotros? ¿qué personaje mayor hay que nos los diga al oído? o ¿quizás debamos pensar como León Felipe, quien decía que ya se sabía todos los cuentos? Y es que el poeta dejó escrito que le dormían con cuentos. Pero… ¿quienes nos narran las historias con inflexiones de voz para dejarnos una moraleja interesada? Cabe preguntarse qué lugar ocupamos nosotros en el cuento y cuál es el universo en el que nos movemos dentro de la fábula.

No somos niños, pero quizás por andar con prisa no somos conscientes de que en la trama de nuestras vidas hay personajes fantásticos que modelan nuestra existencia mezclando las historias de la Cenicienta, con la de La Bella Durmiente, Caperucita o los Siete Cabritillos. Cuentos, todos ellos que nos contaron de pequeños mil veces para que no olvidáramos, pero que al llegar a mayores no sabemos reconocer a los personjes por aquello de que al ser mayores no queremos ver.


IRRITARSE POR UN REPROCHE ES RECONOCER QUE SE HA MERECIDO de Tácito

Me vais a permitir todos que este artículo se lo dedique a Rcalber. El muchacho no deja de darme la murga por descuidarme en hacer justo lo que el no hace: escribir. Es un tipo de fiar para cuestiones de derecho y economía (tiene un manual para el acoso escolar memorable). Nos separan muchas cuestiones: yo soy vasco -con lo que ello significa- y el es un andaluz que siempre me respetó aunque seguramente no comparte la visión que de la configuración del reino tenemos.

Mi pasado va ligado al de las ONGs. En líneas generales las conozco, y por ello hay algo que me llama la atención. Me explico: la mayor parte de ellas nacieron de una disconformidad sobre el orden establecido de muchas cosas. Partían con la ilusión de ejercer un cambio social en el ámbito de la participación que a cada una le correspondía. Los ahora colaboradores entonces eran denominados militantes, entre otras cosas, porque sus actividades respondían a un activismo casi siempre desinteresado. La gratuidad formaba parte de la acción y esta la ejercían apoyándose en la crítica social.

Pero lo que me llama al atención es que la sociedad contemporanea se ha fagocitado el uso de la crítica que las ONGs puedan ejercer sobre ella. De hecho, a muchas las conocemos por lo que hacen pero no por lo que piensan. Cuando precisamente esto debiera ser un toque de atención de cómo hacer un mundo mejor. En la actualidad la transgresión, el culto a la variedad y lo distinto se ha instalado dentro de una sociedad que no se sorprende ante las nuevas propuestas por alocadas que estas sean. En realidad, es habitual que de ellas sólo nos llegue el papelito para la ayuda financiera pero muy pocas veces nos llegan sus análisis ideológicos.

La verdad es que tienen difícil ser críticas en una sociedad en la que todo el mundo quiere ser distinto, original y creativo. Nada mejor para acallar las críticas que puedan provocar transformaciones sociales que el exceso de ella. La disidencia y la no conformidad que fue la causa de su nacimiento en la actualidad se halla instalada en el sistema como algo natural. De hecho son los mismos poderes del estado los que rellenan el discurso hablando de innovacíón y de cambios. Y nada mejor muestra de ello que las campañas electorales o el mundo de la moda.

El sistema se halla inmunizado a la crítica desde que éste se puso de su parte. Quizás lo que cambia es la escenografía de una crítica que busca lo alternativo y la transgresión pero que lo hace con puestas en escena, que aunque sorprendentes, son de asimilación rápida por estar basadas en la inmediatez. La crítica se ejerce pero no llega como un bálsamo para empujar hacia una sociedad más justa porque el mismo sistema admite la negación dando la sensación de que no hay problemas. Lo curioso es que a las ONGs las reconocemos una labor magnífica, pero con la crítica adormecida o callada, no contribuyen a un cambio social que fue en su origen la causa de su nacimiento. En realidad el mismo sistema (llamese Estado si se desea) a quien pretenden combatir, es en numerosas ocasiones, quien las sustenta asumiendo con naturalidad sus contradicciones.


CUANDO NECESITO LEER UN LIBRO, LO ESCRIBO de B. Disraeli

Durante décadas fuimos legión a quienes nos educaron con las “Cartillas de Rubio”, y posteriormente, con el plumín y el tintero. Se trataba de hacer de la caligrafía un arte dentro de la escritura. Quizás porque hoy vivimos bajo la tiranía del sistema binario del ordenador, hemos apartado de nuestra vida la escritura manual realizada con gusto. De hecho la informática nos ofrece cientos de tipografías y la misma estenografía nos permite acelerar los procesos de lectura y escritura de fichas, tarjetas perforadas o códigos digitales.

A un experimentado calígrafo no le será difícil datar un texto por la tipografía empleada. De esta forma, la Capital Roman, la Corolingea, la Gótica o Inglesa, por citar algunos ejemplos, nos retrotraen a momentos concretos de la Historia, donde monjes amanuenses copiaban e iluminaban textos y los escribanos en las cancillerías trazaban arabescos. Los plumillas fueron sustituidas por plumas estilográficas, bolígrafos, máquinas de escribir y posteriormente por ordenadores que hicieron de la escritura algo indiferente. A ello ha contribuido la superproducción de escritos y la facilidad para generarlos gracias a la tecnología.

La caligrafía requiere de reposo, de palabras bien elegidas y asociar a la página con un equilibrio estético en la que se aúne la belleza de los colores. Pero es que los grandes calígrafos también pintan y decoran el texto, generalmente con flores. En numerosas ocasiones los dibujos tratan de resaltar un efecto de relieve, en otras procuran reproducir pulcramente objetos y, en las más y dependiendo de la antigüedad del texto, su función es meramente estética. El interés del calígrafo es el de conmover, sobrepasando de este modo el del rigor objetivo del texto. Añade, además, un elemento al que hoy damos poca importancia: el papel. Huirá del típico folio, hoy en uso en todas las impresoras, y buscará resmas de acuerdo a la funcionalidad de su obra.

Vivimos un momento de la Historia de mucho escritor, texto rápido -prácticamente vomitado- y poco gusto por embellecer la obra. Eso queda en manos de terceros: el editor en unos casos, o la aplicación informática que da forma a la bitácora en otros, por ejemplo. Quizás sea por ello que mi dedo acusador señala a la letra “cursiva” (del latín “curreo”, es decír, más rápida) como culpable, por incitarnos a correr y ser efectivos en detrimento de la belleza y la estética.


EL HOMBRE, EN SU ORGULLO, CREÓ A DIOS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA de Nietzsche

Leí en cierta ocasión que Jean Marie Lustiger, arzobispo de París, había declarado en alguna ocasión: “Soy católico pero sigo siendo judío”. Y es que, quien fuera durante 24 años máximo prelado de la capital francesa, provenía de una familia de comerciantes judía que se esmeró en proporcioanar al joven una educación laica pero respetando las tradiciones hebreas. Su nombre original fue Aarón y sintió de niño el acoso de los nazis y la muerte de su madre en el campo de Auschwitz.

El hecho me vino a la memoria cuando conteplé en la televisión cómo la comunidad musulmana de la ciudad de Roma había organizado el Jueves Santo de los cristianos un rezo muy cerca de la Vía Apia para reclamar lugares de culto. La noticia señalaba que el hecho no había gustado a quienes ese día organizaban un Vía Crucis en el interior de un edificio civil como es el Coliseo. A quien suscribe le recordó tanta intolerancia religiosa como la habida en la Historia protagonizada, precisamante, por quienes rezan a Dios.

Y uno, a quien esto de la religión se la trae al pairo, recuerda, más allá de que nuestros primeros antepasados fueran animistas, cómo quienes habitamos en este reino tenemos 7 siglos de historia islámica. Tiempo suficiente para que nuestros antepasados fueran durante siglos musulmanes o judíos. Quienes se pasean con el capirote de la intolerancia debieran tener presente que muy posiblemente por sus venas corre sangre musulmana o marrana (por lo de los judíos convertidos al cristianismo). Y es que la Historia es terca y la memoria olvidadiza cuando no recuerda cómo los cristianos, que adoran a un crucificado, en ocasiones niegan la presencia de manifestaciones religiosas que sus antepasados practicaron.

Al que suscribe ni le va ni le viene. Que cada palo aguante su vela. En materia religiosa tanta procesión, rezo mirando a la meca o golpe de craneo sobre el muro de las lamentaciones le da igual, pero le llama la atención que tanta oración sólo sirva para reafirmar las diferencias de cada uno. Y claro, uno se pregunta: ¿qué demonios rezan?.

NI HIERBA EN EL TRIGO, NI SOSPECHA EN EL AMIGO. Anónimo

La guerra de Iraq en el 2003 me sirve como ejemplo de lo que trataré de explicar. Algunas naciones fueron a la guerra con la disculpa de que este país ocultaba armas de destrucción masiva. No existía la certeza, pero cabía la posibilidad, y el hecho de que apareciera fue motivo para insistir en la misma certeza. En la decisión de declarar la guerrra primó la posibilidad. En la actualidad ocurre lo mismo con las listas electorales de Bildu. No hay certeza (de haberla estarían detenidos por colaboración con el terrorismo) de que entre los nominados a ediles haya personas que conspiren contra el Estado. En ambos casos, que pongo como ejemplo, prima el bien común y el principio de prevención, pero no la objetividad del hecho.

En las sociedades rurales de antaño era a la inversa. Las probabilidades quedaban para las previsiones meteológicas que pudieran influir sobre la cosecha. El resto era ponderable. En una sociedad tan compleja como la contemporánea las certezas quedan diluidas en favor de las probabilidades. De hecho, ese es el meollo de los juegos de azar, tan de moda hoy, la especulación bursátil o el ámbito de actuación de los seguros. En realidad todos sabemos que las posibilidades de ganar siempre las tienen quienes manejan la probabilidad, entre otras cosas porque bajo sus argumentos se desarrollan los hechos. Aún sabiéndolo, son muy pocos los que ahorran lo que podían destinar a los seguros y capitalizan con ello sus propios riesgos, y menos quienes han pedido a sus seguros de vivienda que les reduzca la pólíza porque el valor de sus casa ha bajado en los últimos años.

Estamos en una sociedad que no se edifica sobre realidades objetivas. Lo hace bajo el paraguas de la suposición y la creencia. La sospecha llevó a algunos a una guerra y la misma sospecha hace que se fijen acciones preventivas por aquello de que es mejor que lamentar. Por eso se mató a un joven brasileño en el metro de Londres cuando estaba instalada la paranoia del terrorismo islámico y por eso mismo los americanos crearon la base de Guantánamo. En todos los casos pudieron existir probabilidades (no sabemos en qué grado), pero no existían certezas. Primó el principio de la prevención y de la urgencia para justificar las atrocidades en los lugares de los hechos.

La habilidad de los políticos estuvo en justificar que no había más opciones. En resumen, era necesario y no existía la posibilidad de elección, cuando lo que estaba en juego era el bienestar colectivo. La precaución y la búsqueda de la certeza pasó a un segundo plano. No pensemos que esto es exclusivo de la política. Observemos cuántas veces despellejamos a terceros bajo suposiciones no contrastadas o cuántas verdades afirmamos basadas en la sospecha que después, una vez desenmascaradas, decimos que se hizo con las mejores intenciones.

Así que…¡cuidado! no es que el Gran Hermano vigile; es que estamos ubicados en la sospecha permanente en la que, además, se puede ser culpable hasta que no se demuestre lo contrario.