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Category Archives: NATURALEZA


Hace unos años tuve la oportunidad de visitar el Lago Rosa y viajar por las playas donde terminaba el rally París-Dakar. En ese viaje descubrí la importancia del tubo de escape alto, de usar vehículos con tracción a las cuatro ruedas y poco pesados, de deshinchar las ruedas y de que en la noche, pase lo que pase, no se para. La cosa estuvo acompañada de algún accidente, del consabido soborno en las fronteras y sobre todo gracias a la pericia del guía (recordad que en el desierto no hay señales de tráfico) de un viaje afortunado.

Allí aprendí que el legendario rally se cobraba por término medio dos víctima civiles ajenos a la carrera al año, que los vehículos dañaban pistas e inutilizaban puentes que luego tenían que reparar los lugareños. Aunque la organización surtía de gasolina a los participantes (60.000 litros por etapa), no era raro que se requisara ésta a las poblaciones cercanas. El moderno espectáculo ignoraba por completo la realidad de una de las zonas más pobres del planeta y desplegaba fastuosos medios técnicos y médicos que sólo por sí mismos hubieran servido para mejorar la vida de los pobladores.

En ese rally los fabricantes provaban sus prototipos antes de salir al mercado, los periodistas fabricaban mitos que luego los espectadores desde el sofá de casa subían a los altares. En última instancia, la carrera era un exaltación al automóvil aunque el artefacto fuera ajeno a los empobrecidos habitantes por donde pasaba. En realidad, era un pasatiempo para los blancos que pudieran pagar su inscripción en él y un negocio para muchas compañías de seguros, fabricantes y proveedores de servicios.

La ayuda humanitaria con que los organizadores justificaban lo absurdo de su conducta pocas veces llegó -por otra parte, logísticamente muy complicado- a los poblados más alejados. En el camino quedan recuerdos en forma de chatarra comida por el viento del desierto en un ejemplo de cómo no debe usarse la tecnología. Al-quaida del Magreg detuvo la realización del rally. En realidad, debiera haber sido el sentido común ante tanta arrogancia que demostró Occidente con sus pilotos jugando a realizar hazañas y los fabricantes a ser dioses de la mecáncia.

A modo de nota final: A quien suscribe para darle a la tecla le hace falta el espíritu necesario para emprender la tarea, tener algo que decir y enfrentarse a la cábala de la reflexión con sosiego. Es por ello que me tomo unas vacaciones que intuyo un poco largas. Hasta la vuelta un deseo: que os vaya bien a todos y le saquéis a la vida toda la chispa que lleva. Nos vemos.

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SI DE NOCHE Y SIN LUNA VIAJAS, NO DESPRECIES LAS ESTRELLAS. Anónimo

Cuando Edison inventó la lámpara de incandescencia no podía imaginar que un siglo después el planeta iluminaría el firmamento como si fuera una antorcha. Esta civilización tan desarrollada tecnológicamante ha hecho del despilfarro lumínico una de las señas de identidad del desarrollo. Nuestro globo terráqueo se ve desde el espacio sideral como un nuevo sol. Desde allí se pueden ver selvas iluminadas por los incendios provocados por la deforestación, la iluminación en barcos para pescar y, sobre todo, los lugares más desarrollados del planeta.

En cambio, quienes habitamos en las grandes ciudades hemos dejado de contemplar las más de 1500 estrellas que se pueden apreciar en una noche oscura. Son muchos los científicos que se han quejado de este tipo de contaminación guiados principalmente por la baja operatividad de muchos de los telescopios que usan en sus investigaciones. En realidad, han sido muy pocos los cambios tecnológicos en el campo de la iluminación. De hecho, mi viejo profesor, ya jubilado, de tecnología nos podría seguir explicando el funcionacmiento de los distintos puntos de luz existentes en el mercado. El único cambio apreciable en los últimos 40 años ha sido las sustitución paulatina de las lámpara se resistencia y la inclusión de las de led. Por lo demás, en nuestras ciudades siguen abundando las de color amarillo de vapor de sodio y las blancas, pero menos eficientes, de vapor de mercurio.

En realidad, en un planeta tan reglamentado para las ondas de radio, a penas hay nada legislado a nivel mundial sobre las ondas lumínicas. Parece que la oscuridad asusta y que ante la inseguridad es preferible la sobreexposición de luz; poco entendible, por totra parte, en un mundo en el que la tecnología nos permite ser mucho más eficientes mediante el uso de temporizadores, farolas solares o células fotoélectricas. La noche ha desaparecido de nuestras ciudades. Vivimos en un mundo de luz como seres que todo lo saben y controlan pero que temen los riesgos de la noche.

Quizás llegue el día en que tendremos que llevar a nuestros hijos al monte acompañados de grandes linternas para que descubran la vía láctea o las “lágrimas de san Lorenzo”. Mientras tanto, es posible que la única oscuridad que conozcan sea la que proporciona la lámpara apagada de su habitación en la noche.


LA IGNORACIA AFIRMA O NIEGA ROTUNDAMANTE; LA CIENCIA DUDA. De F.M. Arouet Voltaire.

La ingeniería genética está de moda; y muchos ven en la biotecnología una fuente de desarrollo importante para el futuro. Se presenta como algo limpio y eficiente que puede reportar grandes beneficios al ser humano. Seguramente será cierto, pero a esa ciencia solidaria se le oponen unos usos empresariales consagrados al beneficio y la productividad. Se trata de una rama del saber que contamina y lo hace de forma discreta. De este modo, hay ratones, cerdos y ovejas en laboratorios con el gen humano implantado. Se trata de manipulaciones forzadas que pasan a su descendencia.

Uno se pregunta hasta qué punto la tecnología genética no actúa con criterios industriales, persiguiendo la eficacia en la creencia de que se pueden acelerar los procesos para ser aprovechados hasta el límite. La biotecnología no trabaja con materias inertes. Lo hace con seres vivos -mucho menos controlables- que, además, pueden reproducirse dando lugar a mutaciones. Los experimentos pueden viajar embalados en agencias de transportes de un lado al otro del mundo. Añadamos a ello que los resultados no son reconvertibles y que permanecen ahí a través del tiempo. Se trata de manipulaciones que aún teniendo baja probabilidad de causar daños a la naturaleza son de alto riesgo porque, de hacerlo, son enormes.

El marco de la ortodoxia religiosa, que durante años señaló las reglas en las cuales se movía la genética, ha sido sustituido por el de carácter científico, en el que se tiende a medir el rendimiento en función de fórmulas matemáticas y análisis cuánticos. La duda debiera estar siempre presente como sistema en todos los procesos de investigación y más en aquellos que, realizados con seres que forman parte de la humanidad, tienden a la explotación y dominación de la naturaleza. Hoy la industria trata de rentabilizar los experimentos patentando animales o microorganismos que posteriormente comercializa en forma de tranformaciones genéticas. De esta forma, se producen hechos curiosos, como el de que en la Unión Europea haya excedente de leche y que los ganaderos gasten sus recursos en vacas tratadas con hormonas del crecimiento con una capacidad desmesurada de producción láctea.

Otro ejemplo prodría ser el de el infertilidad. Hoy sabemos que los motivos de que ésta vaya en aumento son básicamante el estrés, la contaminación, las radiacciones ionizantes y la alimentación desequilibrada. En vez de incidir sobre estas causas, se prefiere la investigación en técnicas genéticas. En este caso, la industria se esconde bajo un discurso amable y sentido por muchos afectados para ocultar las causas iniciales. No será raro que en el futuro las multinacionales hagan valer sus conocimientos en laboratorios para ponerlos en valor en las empresas de seguros o en las de selección de personal, por ejemplo. De hecho, es cuestión de tiempo que las inversiones que las empresas presentaron por el bien común terminen siendo para el negocio de unos pocos.


LA TERNURA ES EL REPOSO DE LA PASIÓN de J. Joubert

Uno tiene la impresión de que vivimos en una sociedad con demasiados conocimientos que masticamos y engullimos sin asimilarlos. De esta forma viajamos y visitamos lugares como si fuéramos exploradores que tienen que encontrar aquello que la agenda de viajes marca como imprescindible. Tendemos, además, a ser etnólogos o antropólogos cuando nos falta tiempo para con una mirada rápida interpretar y comparar otras culturas con la nuestra. De esta forma, nos ocurren cosas curiosas, como por ejemplo analizar la naturaleza de los lugares que visitamos con ojos de ciudadanos del primer mundo, mientras que para los habitantes del tercer mundo este análisis no existe porque ésta no la entienden sin formar parte de ella.

Algo parecido ocurre con el turismo rural. Viajamos hasta el alojamiento y desde allí seguimos viajando por los alrededores con el ansía de querer aprovechar para ver -que no conocer- lo más posible. Por eso, el que suscribe, prefiere el viejo concepto de principios del siglo pasado de Casas de Reposo. Así, con mayúsculas y entendido como lugar al que se llega sin prisa, en el que lo importante es la mirada al interior del cuerpo y la mente. Quien de esta forma viaje buscará reponer fuerzas con comidas muchas veces frugales y vigorizantes paseos por la naturaleza. Se sentará a leer un libro sobre una hamaca o recostado a la sombra de un árbol. Las horas se le harán largas y fijará su vista en cosas como el color del cielo o la oscuridad de la noche. Es muy posible que disfrute de la charla apacible con algún desconocido, al tiempo que hace de la flexibilidad existencial una virtud.

Es bueno volver a lo simple y viajar a las Casas Rurales con una visión higienista de la psiqué y el cuerpo. Y es que, en la práctica, somos pacientes de una sociedad de las prisas, de las dietas, el trabajo, la casa….. Necesitamos descansar y, cuando lo hacemos, muchas veces organizamos unos viajes que nos agotan más. Seamos inteligentes, reposemos y afrontemos el tratamiento que nos puede ofrecer gratuitamante la naturaleza o un buen baño realizado con calma. Quitémonos esas pesadas zapatillas pensadas para trotar y demos un paseo descalzos por la hierba. Tumbémonos al sol o hagamos ejercícios tonificantes al frescor de la mañana, y acompañémoslo todo con comidas livianas y buena charla.

Velemos por nuestra salud queriéndonos un poco y reconociendo que nuestros cuerpos enfermos necesitan, en muchas ocasiones, una cura de reposo en lugares tranquilos y alejados del teléfono móvil y del ordenador. Entreguémonos a la buena vida, a la que se dieron los señores y damas del siglo XIX en balnearios y sanatorios apartados, al igual que Hipócrates en la isla de Cos, y si lo hacemos, por ejemplo, mientras leemos la Montaña Mágica de Thomas Mann, mejor.


UN HOMBRE TIENE QUE TENER SIEMPRE EL NIVEL DE DIGNIDAD POR ENCIMA DEL NIVEL DEL MIEDO de E. Chillida

Como en casi todo en la vida, no debe bastar con decir ” estoy indignado”. Hace falta añadir un plus a la frase y aportar las ideas. Es lo que me propongo con este escrito: dar razón de por qué quien suscribe está enfadado. Y lo estoy porque:

– Me parece vergonzoso que para poder adquirir uno de los derechos fundamenles que consagra la Constitución, como es el acceso a una vivienda, le suponga a mucha gente estar entrampada de por vida.

– No es de recibo que personas excelentemente formadas, después de un coste económico y personal importante, no puedan acceder a un trabajo o que deban emigrar los más capaces.

– Es humillante que para hacer cuadrar unas cuentas gestionadas por manirrotos se ponga en entredicho un estado del bienestar (sanidad, educación, pensiones…) que tantos esfuerzos costaron a nuestros antepasados.

– Vemos desconsolados cómo priman más la economía y la especulación de los productos que la democracia de carácter social.

– Es de sinvergüenzas que banqueros con contratos blindados y bonus por beneficios impongan comisiones bancarias o cláusulas leoninas sobre las cuentas de quienes tienen poco por aquello de la Ley del Mercado.

– La avaricia de quienes riguen las decisiones financieras de una economía dirigida por unos seres invisibles que compran, venden, especulan e influyen en las decisiones de Gobiernos soberanos.

– Es impresentable que la Casa Real, nunca elegida democráticamente, se valga de Patrimonio Nacional, de los yates -regalos de empresarios- y de unos presupuestos del Estado -sobre los que no da razón de gastos- para seguir viviendo como reyes en una sociedad cada vez más empobrecida.

– Hay motivos para recelar de un sistema financiero, que ha creado la mayor crisis mundial desde la segunda guerra mundial, al que se le sanean las cuentas sobre la espalda de parados, pensionistas y trabajadores que no fueron culpables de nada.

– Es patético que los partidos políticos, a pesar de tener gente honesta, estén gobernados por prepotentes, que a falta de nada mejor, hacen carrera al abrigo del partido. Y porque éstos, a su vez, están siendo superados por la exigencias de los mercados y las agencias de calificación.

– El consumo de masas en centros comerciales los sábados por la tarde o en grandes eventos deportivos se hayan convertido en una nueva religión que responde a una propaganda del despilfarro.

– Los codazos y amiguismos por lograr objetivos y ser triunfadores conlleven, en muchas ocasiones, la indiferencia ante las penurias del vecino.

– Los objetivos del milenio hayan quedado supeditados a la crisis en un momento en que la tecnología puede llegar a cualquier parte del planeta y en el que es factible terminar con el hambre y la desnutrición en el mundo.

– A pesar de saber que las guerras constituyen un gran fracaso para la humanidad asistamos indolentes a cómo por los cuatro rincones del mundo hay hogueras encendidas sin que los prohombres que dirigen el mundo se sienten a apagarlas.

– Es reprobable que los avances técnicos y la especulación de los mercados no vayan en consonancia con la ética; y así, asistimos impasibles a cómo mientras los jóvenes no trabajan los mayores tienen que sustentar a los primeros añadiendo más años a su vida laboral.

– Constituye un sin sentido que el capital y la especulación hayan desplazado al Hombre -sujeto de las cosas- a ser útil en la medida que consume.

– No podemos permanecer impasibles ante unos usos industriales y domésticos que están haciendo del planeta un estercolero.

– Es una temeridad considerar la estracción de las materias primas como capital gratuito sin ponderar los destrozos medioambientales ejercidos sobre el planeta.

– Ya no hay motivos para creer a unos políticos carentes de ideas, que subordinan sus políticas a permanecer en la poltrona del poder aunque se tengan que lanzar a degüello del oponente con exabruptos y descalificaciones.

– Es indignante que el uso de la Ley Electoral sólo sea para elegir a unos políticos olvidadizos de promesas y no se use, también en un desprecio a la ciudadanía, para consultar las grandes políticas del País.

– Hay motivos para enfadarse por no estar enjuiciados todos esos políticos y sindicalistas que han estado en los Consejos de administración de unas Cajas de Ahorros quebradas por su mala gestión.

– No son de recibo los previlegios de nuestros políticos en forma de salarios, dietas, años de cotización o cobro de pensiones sean diferentes al del resto de los ciudadanos.

– Es impresentable que seres anónimos y con convertura legal especulen sobre materias primas (arroz, soja, trigo…), hundan empresas mediante derivados o influyan en decisiones de gobiernos.

Podemos seguir añadiendo más por qués, pero muchos de quienes luchamos por la llegada de la democracia, quienes corrimos por las calles, a quienes nos tocó arrimar el hombro entonces, no era ésto lo que queríamos. Nos importaba por encima de todo el Ser Humano como centro desde el que había que hacer un mundo más justo y al servicio del cual debieran estar la economía y las finanzas.


EL TIEMPO ES EL MEJOR AUTOR; SIEMPRE ENCUENTRA UN FINAL PERFECTO de C. Chaplin

No tengo tiempo, decimos; corremos tras él tratando de agarrar el futuro. Sin embargo, el escritor Bertolt Brecht hizo esperar a Godot, y el coronel de García Marquez se pasó toda la obra esperando que le llegara una carta. Les sobraba el tiempo. Las sociedades rurales del pasado medían éste por la fechas patronales y los estados de la Luna. Las mismas sociedades hoy viven en la inmediatez. Poco importa la fecha del calendario si el enólogo dice el día y la hora del comienzo de la cosecha, por ejemplo. En general, la aceleración está presente en todos nuestros actos. Controlamos los tiempos de las tareas, medimos la productividad; corremos, en definitiva, para resaltar el valor de la eficacia. Poco importa lo que dejemos por el camino. Se trata comprimir el tiempo para ser rentables.

La actividad diaria de los procesos está marcada por las fórmulas de la física, en las que se trata de hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible (podemos aplicar otras: Tiempo = Trabajo realizado dividido por la potencia con que se realiza). Con ello, conseguimos que el tiempo de “vida” de las cosas se acorte porque envejecen con mayor rapidez, quedando inservibles. Tal es así, que ya se pueden hacer museos que recojan cosas que quedaron aparcadas en dos décadas (ejemplo: los teléfonos móviles o todo lo referente a la informática). La Historia ya no la cuentan venerables ancianos sentados en el sillón de su casa. En realidad, quien lo hace lo ejecuta con tal rapidez que se pierde la noción de lo contado.

La abreviación que hacemos de las cosas puede hacer que ignoremos hasta en dónde estamos, y que cuando nos tengamos que definir no sepamos si formamos parte de la época moderna, posmoderna, del estado del bienestar, de la comunicación, de la biotecnología….¿En qué sociedad vivimos? En realidad, es muy posible que para cuando lo hayamos definido ésta haya cambido tan rápido que haya dado, a su vez, lugar a una nueva. La indefinición -el conocer aquello de lo que formamos parte, pero ser incapaces de definirlo- puede crear problemas. De hecho, uno tiene la impresión de que damos tal aceleración a nuestros actos que en la práctica nos hacemos invisibles, y esto se puede concretar en nuestras relaciones de vecindario. ¿Seguro que conocemos a quienes habitan en nuestro propio portal?

En la actualidad trabajamos menos horas que nuestros antepasados. Los franceses incluso tienen la “semana Peugeot”, en la que sólo trabajan cuatro días; pero no podemos estar seguros de que los ratos de ocio resultantes no sean también para seguir acortando los tiempos. Parece que corramos con el fin de atrapar el futuro. Es más, tratamos de preverlo, de saber cómo va a ser. Nuestra incertidumbre trata de anticiparse, y lo hacemos tanto en el plano laboral tratando de ser los primeros en colocar nuestros productos, como en el personal de nuestras relaciones con los demás (queremos ser también los primeros en la cola del autobús, en la frutería,…). Y uno se plantea si tanto alimento ingerido a bocanadas, sin tiempo para una reposada digestión, no dará problemas de estreñimiento para los que harán falta laxantes (de los que podemos hablar en otras ocasiones).

LA MANERA MÁS RÁPIDA DE FINALIZAR UNA GUERRA ES PERDERLA de G. Orwell

En realidad, la historia de la lluvia radioactiva de Chernobyl o Fukushima comenzó antes, unos años antes. Esos abnegados “liquidadores” equipados con trajes que parecen de otro mundo tuvieron unos predecesores anónimos que fueron utilizados para conocer las consecuencias de las radiaciones. Mucho supimos de los horrores que sobre el ser humano tuvo la explosión de las bombas de Hirosima y Nagasaki. Lo cierto es que tirada la primera piedra quedaban muchas más y era necesario medir las consecuencias de sus impactos.

Los franceses utilizaron el atolón de Mururua, pero los americanos, terminada la segunda guerra mundial, tomaron como botín de guerra las Islas Marschall. De hecho, gestionaron las islas bajo el mandato de las Naciones Unidas. Y lo que pretendía ser una orden para mejorar la economía y elevar el nivel de vida de los lugareños se convirtió en una ocupación militar que respondía a los intereses de los americanos en Asia. Este conjunto de islas tiene su importancia, porque están diseminadas en el corazón del Pacífico muy lejos de todo para ser oido y muy cerca de los objetivos geoestratégicos militares de la posguerra.

La historia comenzó antes, porque en las Islas Marshall quienes debian proteger a la población hicieron estallar, en la década de los 50, la primera bomba “sucia” de hidrógeno y una población que jamás había visto un copo de nieve tuvo la oportunidad de jugar con un manto blanco de nieve radioactiva. Allí se realizaron pruebas atómicas a sabiendas de las consecuencias que tendrían sobre unos habitantes que no importaban a nadie. Las autoridades militares y médicas silenciaron y no advirtieron que los alimentos que pescaban o ingerían de sus huertas se hallaban irradiados a pesar de ser evidente el aumento de fallecimientos por cancer. A consecuencia de ello, durante los años siguientes muchas mujeres abortaron y nacieron niños con malformaciones importantes como resultado de imperfecciones genéticas.

Los EEUU siempre sostuvieron que no ocurría nada anormal. Pero lo cierto es que los americanos utilizaron este protectorado para realizar pruebas nucleares que tuvieron efectos físicos y biológicos sobre la población. Desposeyeron a sus habitantes de sus tierras e irradiaron durante siglos su habitat para conocer las consecuencias de la radiactividad sobre el ser humano. Las Islas Marshall fueron durante décadas un laboratorio experimental de armas de destrucción masiva donde se realizaron, por el bien común, atropellos sobre la población. Por eso la historia de quienes hoy se juegan la vida tratando de controlar los escapes radiactivos de la central de Fukushima comenzó antes. Mucho antes y eran inocentes.


LA VIDA ES UNA CARRERA DE RELEVOS. PUEDES GANARLA EN OTRA GENERACIÓN de V. Butulescu

Hace 20.000 millones de años -el Mioceno- este hermoso planeta azul era un edén. Estaba cubierto por inmesos bosques, lagos y extraordinarias praderas. En ese momento de la prehistoria, y al abrigo de un clima tropical, se produjo un hecho relevante que marcó el devenir de los primates: la orientación de la colocación de los ojos varió. Mientras que el resto de los animales conservaron la visíón perimetral a los costados con el fin de poder ver a los posibles atacantes, nuestros antepasados, porque lo eran, variaron la colocación de sus córneas al frente. Con ello perdieron la ventaja del resto de los animales, que ya no necesitaban para vivir en los árboles, pero ganaron en una visión estereoscópica que les permitía calcular mejor las distancias para desplazarse entre las ramas.

El paso del Mioceno al Plioceno fue duro. Del edén se pasó a una sequía que duró 12.000 millones de años, donde llovió poquísimo y se creó un hábitat parecido al de las actuales sabanas africanas. La vida se tornó muy dura para aquellos seres que habían desarrollado unas manos hábiles y unos brazos fuertes para desplazarse por los árboles. Su dieta basada en las frutas escaseó y se vió forzado a descender a las praderas, donde sus capacidades de defensa eran escasas. Allí abundaban las gramíneas y resultó que, entre ellas, eran presa fácil de los depredadores por lo que hemos dicho: carecían de visión perimetral y además no podían ver por encima de ellas. En esta parte de la prehistoria se producen otros dos hechos relevantes que nuestros antepasados nos dejaron en herencia. Por una parte, aquella tropa de desventurados aprendió a caminar sobre dos piernas con el fin de poder ver a sus posibles atacantes sobre las gramíneas y por otra, descubrió que éstas eran más nutritivas que las frutas.

Incluir en su dieta los granos de trigo, mijo o avena que se encontraban esparcidos por el suelo les exigió que desarrollaran un habilidad extraordinaria entre el dedo pulgar y el índice. Llegado el Pleistoceno, nuestra época, que se distingue porque ha habido un poco de todo, nuestros antepasados andaban sobre dos piernas, tenían una motricidad fina en los dedos de la mano, conservaban la misma disposición ocular de los ojos que nosotros pero todavía disponían de unas mandíbulas grandes y potentes para poder defenderse. Es en este momento cuando, fruto de una mutación o de la necesidad de juntar los dientes para que los granos no se perdieran entre ellos, los primates se deshacen de los colmillos y reducen su capacidad bucal, al tiempo que aumentan el tamaño del cerebro. Definitivamante pierden toda la capacidad natural para defenderse de los grandes depredadores. Pero es que descubren que tallando piedras y huesos pueden construir armas de defensa.

¿Y qué hacer con el animal muerto? Pues comerlo. Nuestro homínido se hace carnívoro -en realidad lo somos desde hace 2 minutos en la Historia- y aprende a matar. Se hace cazador y poco a poco se va olvidando del gremio y del bienestar colectivo. Sus acciones se vuelven más competitivas y siente placer con la violencia. Ya no mata para alimentarse, como el resto de los depredadores, lo hace, además, para ejercer influencia sobre el territorio o para conquistar espacios que satisfagan su ego. Este comedor de frutas primero y cereales después, cuando se hace carnívoro y desarrolla el intelecto lo hace con fines aviesos para el resto de la naturaleza, a la que esquilma sin compasión y de la que se vale para su lucro como si tuviera el monopolio de la propiedad.


EN UNA ROSA CABEN TODAS LAS PRIMAVERAS de A. Gala

Ya sabemos que “la primavera la sangre altera”, pero también cansa. Si no, que se lo pregunten a quienes tienen hijos o personas mayores en casa. Puede parecer un contrasentido que tras el letargo invernal, los cielos más limpios y el renacer del campo surja la fatiga primaveral. Es curioso que, siendo ésta una estación presidida por la belleza, el aumento del dinamismo vital o en la que las emociones se tornan más intensas, numerosas personas se sientan cansadas o en crisis.

Es frecuente que se manifiesten con todo esplendor las enfermedades crónicas o que a muchos nos invada una extraña fatiga que nos haga desear un cierto reposo físico y mental. Hay quien señala que aumenta el número de transtornos nerviosos como consecuencia del cambio de ritmo vital en personas con problemas síquicos. Con la mejora del tiempo se producen unos cambios metabólicos que tienen su incidencia en las personas. Así, por ejemplo, aumenta la tasa sanguínea de urea, colesterol y los glóbulos blancos inician su guerra particular contra microorganismos patógenos -que se lo pregunten a los alérgicos-.

Y es que la llegada del buen tiempo trae consigo que se duerma peor, la sangre se haga más viscosa produciendo hinchazón de piernas y el cansancio general se manifieste en dolores de espalda, cabeza y hombros. Durante el invierno el cuerpo estuvo economizando recursos y librando una lucha contra los rigores del mismo. Por eso cuando llega la primavarera se encuentra con las defensas bajas y hace, por ejemplo, que cualquier mal aire nos provoque un resfriado.

Con el renacer de la vida se producen decisiones inconscientes que pueden llamar las atención: los vegetarianos o naturistas hacen sus ayunos y curas vitamínicas; otros sienten la necesidad de acudir a gimnasios para cuidar su cuerpo, y muchos cuidan su alimentación, no sólo para estar más bellos, sino porque el cuerpo necesita una recarga vitamínica presente en las frutas y verduras. Si a todo lo anterior le añadimos los desajustes hormonales por todos conocidos, no es de extrañar que los cuerpos se fatiguen y las mentes se trastoquen ante tanto cambio. ¿O no?