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Pues sí, me fui de vacaciones y las disfruté como un campeón, pero…, siempre hay un pero, la vuelta ha sido desafortunada. Cuando marché ya tenía molestías en el hombro derecho. No le dí más importancia hasta que al pasar de los días los dolores se volvieron intensos. Las radiografías han sacado a la luz una calcificación a la que ha hecho falta infiltrar.

Mientras tanto, y en la espera de ver si es necesario operar, el tratamiento consiste en analgésicos, en inmobilizar el brazo y realizar unos ejercicios de rehabilitación. En fin, una lata.

Y sí, he estado repitiendo el mismo viaje por algunos países de Europa que hice hace (no lo digo por vergüenza); y no, todo no ha sido disfrutar (ya quisiera). El maldito hombro ha sido una lata hasta para dormir.

Estas líneas quieren ser un hasta luego y sobre todo, pretenden servir de ánimo para que le sigáis dando a la tecla. Por mi parte, os seguiré leyendo en la medida de que mi mano izquierda me lo permita (suerte que soy ambidiestro).

Un abrazo para cada uno.


Hace unos años tuve la oportunidad de visitar el Lago Rosa y viajar por las playas donde terminaba el rally París-Dakar. En ese viaje descubrí la importancia del tubo de escape alto, de usar vehículos con tracción a las cuatro ruedas y poco pesados, de deshinchar las ruedas y de que en la noche, pase lo que pase, no se para. La cosa estuvo acompañada de algún accidente, del consabido soborno en las fronteras y sobre todo gracias a la pericia del guía (recordad que en el desierto no hay señales de tráfico) de un viaje afortunado.

Allí aprendí que el legendario rally se cobraba por término medio dos víctima civiles ajenos a la carrera al año, que los vehículos dañaban pistas e inutilizaban puentes que luego tenían que reparar los lugareños. Aunque la organización surtía de gasolina a los participantes (60.000 litros por etapa), no era raro que se requisara ésta a las poblaciones cercanas. El moderno espectáculo ignoraba por completo la realidad de una de las zonas más pobres del planeta y desplegaba fastuosos medios técnicos y médicos que sólo por sí mismos hubieran servido para mejorar la vida de los pobladores.

En ese rally los fabricantes provaban sus prototipos antes de salir al mercado, los periodistas fabricaban mitos que luego los espectadores desde el sofá de casa subían a los altares. En última instancia, la carrera era un exaltación al automóvil aunque el artefacto fuera ajeno a los empobrecidos habitantes por donde pasaba. En realidad, era un pasatiempo para los blancos que pudieran pagar su inscripción en él y un negocio para muchas compañías de seguros, fabricantes y proveedores de servicios.

La ayuda humanitaria con que los organizadores justificaban lo absurdo de su conducta pocas veces llegó -por otra parte, logísticamente muy complicado- a los poblados más alejados. En el camino quedan recuerdos en forma de chatarra comida por el viento del desierto en un ejemplo de cómo no debe usarse la tecnología. Al-quaida del Magreg detuvo la realización del rally. En realidad, debiera haber sido el sentido común ante tanta arrogancia que demostró Occidente con sus pilotos jugando a realizar hazañas y los fabricantes a ser dioses de la mecáncia.

A modo de nota final: A quien suscribe para darle a la tecla le hace falta el espíritu necesario para emprender la tarea, tener algo que decir y enfrentarse a la cábala de la reflexión con sosiego. Es por ello que me tomo unas vacaciones que intuyo un poco largas. Hasta la vuelta un deseo: que os vaya bien a todos y le saquéis a la vida toda la chispa que lleva. Nos vemos.


SI DE NOCHE Y SIN LUNA VIAJAS, NO DESPRECIES LAS ESTRELLAS. Anónimo

Cuando Edison inventó la lámpara de incandescencia no podía imaginar que un siglo después el planeta iluminaría el firmamento como si fuera una antorcha. Esta civilización tan desarrollada tecnológicamante ha hecho del despilfarro lumínico una de las señas de identidad del desarrollo. Nuestro globo terráqueo se ve desde el espacio sideral como un nuevo sol. Desde allí se pueden ver selvas iluminadas por los incendios provocados por la deforestación, la iluminación en barcos para pescar y, sobre todo, los lugares más desarrollados del planeta.

En cambio, quienes habitamos en las grandes ciudades hemos dejado de contemplar las más de 1500 estrellas que se pueden apreciar en una noche oscura. Son muchos los científicos que se han quejado de este tipo de contaminación guiados principalmente por la baja operatividad de muchos de los telescopios que usan en sus investigaciones. En realidad, han sido muy pocos los cambios tecnológicos en el campo de la iluminación. De hecho, mi viejo profesor, ya jubilado, de tecnología nos podría seguir explicando el funcionacmiento de los distintos puntos de luz existentes en el mercado. El único cambio apreciable en los últimos 40 años ha sido las sustitución paulatina de las lámpara se resistencia y la inclusión de las de led. Por lo demás, en nuestras ciudades siguen abundando las de color amarillo de vapor de sodio y las blancas, pero menos eficientes, de vapor de mercurio.

En realidad, en un planeta tan reglamentado para las ondas de radio, a penas hay nada legislado a nivel mundial sobre las ondas lumínicas. Parece que la oscuridad asusta y que ante la inseguridad es preferible la sobreexposición de luz; poco entendible, por totra parte, en un mundo en el que la tecnología nos permite ser mucho más eficientes mediante el uso de temporizadores, farolas solares o células fotoélectricas. La noche ha desaparecido de nuestras ciudades. Vivimos en un mundo de luz como seres que todo lo saben y controlan pero que temen los riesgos de la noche.

Quizás llegue el día en que tendremos que llevar a nuestros hijos al monte acompañados de grandes linternas para que descubran la vía láctea o las “lágrimas de san Lorenzo”. Mientras tanto, es posible que la única oscuridad que conozcan sea la que proporciona la lámpara apagada de su habitación en la noche.


LA IGNORACIA AFIRMA O NIEGA ROTUNDAMANTE; LA CIENCIA DUDA. De F.M. Arouet Voltaire.

La ingeniería genética está de moda; y muchos ven en la biotecnología una fuente de desarrollo importante para el futuro. Se presenta como algo limpio y eficiente que puede reportar grandes beneficios al ser humano. Seguramente será cierto, pero a esa ciencia solidaria se le oponen unos usos empresariales consagrados al beneficio y la productividad. Se trata de una rama del saber que contamina y lo hace de forma discreta. De este modo, hay ratones, cerdos y ovejas en laboratorios con el gen humano implantado. Se trata de manipulaciones forzadas que pasan a su descendencia.

Uno se pregunta hasta qué punto la tecnología genética no actúa con criterios industriales, persiguiendo la eficacia en la creencia de que se pueden acelerar los procesos para ser aprovechados hasta el límite. La biotecnología no trabaja con materias inertes. Lo hace con seres vivos -mucho menos controlables- que, además, pueden reproducirse dando lugar a mutaciones. Los experimentos pueden viajar embalados en agencias de transportes de un lado al otro del mundo. Añadamos a ello que los resultados no son reconvertibles y que permanecen ahí a través del tiempo. Se trata de manipulaciones que aún teniendo baja probabilidad de causar daños a la naturaleza son de alto riesgo porque, de hacerlo, son enormes.

El marco de la ortodoxia religiosa, que durante años señaló las reglas en las cuales se movía la genética, ha sido sustituido por el de carácter científico, en el que se tiende a medir el rendimiento en función de fórmulas matemáticas y análisis cuánticos. La duda debiera estar siempre presente como sistema en todos los procesos de investigación y más en aquellos que, realizados con seres que forman parte de la humanidad, tienden a la explotación y dominación de la naturaleza. Hoy la industria trata de rentabilizar los experimentos patentando animales o microorganismos que posteriormente comercializa en forma de tranformaciones genéticas. De esta forma, se producen hechos curiosos, como el de que en la Unión Europea haya excedente de leche y que los ganaderos gasten sus recursos en vacas tratadas con hormonas del crecimiento con una capacidad desmesurada de producción láctea.

Otro ejemplo prodría ser el de el infertilidad. Hoy sabemos que los motivos de que ésta vaya en aumento son básicamante el estrés, la contaminación, las radiacciones ionizantes y la alimentación desequilibrada. En vez de incidir sobre estas causas, se prefiere la investigación en técnicas genéticas. En este caso, la industria se esconde bajo un discurso amable y sentido por muchos afectados para ocultar las causas iniciales. No será raro que en el futuro las multinacionales hagan valer sus conocimientos en laboratorios para ponerlos en valor en las empresas de seguros o en las de selección de personal, por ejemplo. De hecho, es cuestión de tiempo que las inversiones que las empresas presentaron por el bien común terminen siendo para el negocio de unos pocos.


A MALAS PIERNAS, BUENAS MULETAS Anónimo.

¿Quién no se ha planteado paseando por las salas del Museo Británico de Londres, mientras se contemplan los bajorrelieves del Partenón de Atenas, o contemplando las piezas expuestas del antiguo Egipto en el Louvre de París cómo llegó todo eso hasta allí? Durante los siglos XVIII y XIX los arqueólogos trataron de salvar aquellos tesoros de su desaparición y, siguiento la mentalidad de la época, tomaron de sus colonias lo que consideraban suyo. De esta forma, se fueron llenando los museos con piezas de extraordinario valor que sus legítimos propietarios despreciaban. Cuando las colonias consiguieron la independencia de las metrópolis, los mismos museos completaron las colecciones comprando sin escrúpulos a saqueadores y ladrones de arte.

En la actualidad Grecia, Egipto y Turquía reclaman, y en alguna ocasión consiguen, que se les devuelva parte del patrimonio expatriado. Es lo que ocurrió con el Tesoro Lidio (363 piezas de oro del siglo VII a. C.) que el museo Metropolitan compró por 1,5 millones de dólares a sabiendas de que eran fruto del saqueo en Turquía. Lo triste es que, ya de vuelta en su país, la colección fue visitada en cinco años (769 entradas vendidas) por la misma cantidad de personas que en el anterior museo lo hacían al día. Pero lo más grave es que los mismos conservadores robaron piezas para pagar sus excesos en el juego y la prostitución. Por otra parte, Grecia sí dispone del magnífico Museo de la Acrópolis, donde tiene previsto instalar los 75 metros del friso del Partenón que reclama al Museo Británico.

La sección de antigüedades del Museo Getty, en la persona de su conservadora Marión True, también se vió condenado a devolver obras adquiridas con el conocimiento de su procedencia robada. Lo más sorprendente es que los argumentos de los museos para proceder de esa forma van en la línea de proteger las obras y de que en ningún sitio están mejor guardadas que en los países ricos con amplios presupuestos para su conservación.

Posiblemente cuando empezó todo hace 200 años fuera compresible que los arqueólogos actuando de buena fe y considerando a las colonias como algo propio actuaran de la forma en que lo hicieron, pero, desde luego, por ejemplo que el exdirector del Metropolitan dispusiera de presupuestos (850.000 dólares en 1959) anuales para adquirir piezas robadas es algo que se debe explicar; o por qué en las agendas de algunos directores museísticos investigados aparecen contactos de algunos contrabandistas perseguidos por la policia (Thomas Hoving del Metropolitan).


SI EL HOMBRE NO HA DESCUBIERtO NADA POR LO QUE MORIR, NO ES DIGNO DE VIVIR de M. Luther King

ByPils, autora de una bitácora amiga y mejor plumilla, me ha otorgado un premio honorífico condicionado a que quien ésto suscribe se lo pase a terceros. El objetivo es ir haciendo una cadena de condecoraciones que tienen como fin demostrar el aprecio a quienes o bien consideramos cercanos o les creemos merecedores de tal distinción por la calidad de su bitácora.

Se me pide también que escriba siete cosas que me definan. Pues bueno, ahí van:

- Amor: Lo que más quiero tiene rostro de mujer y es por ello -y por justicia- que en sus causas me encontrarán con ellas.
Pasión: Lo siento por mi trabajo. Disfruto con él y, además, me considero afortunado por la liberdad que siempre me dieron para ejercerlo.
Orgullo: Lo estoy por las veces que dimití de cargos que mi conciencia no me permitían obstentar. Me hizo daño al bolsillo pero gané en credibilidad y ello contribuyó a que me ganara el respeto de mis jefes.
Aventura: La mejor y más gratificante ha sido la educación de mi hija. Con ella he viajado agarrado a su (el de ambos) proceso evolutivo. Sencillamente magnífico.
Pensamiento: Siempre consideré que no se puede andar por este planeta sin saber dar razón de lo que se hace. El pensar, el argumentar con solidez entiendo que deben formar parte del proyecto de vida de todo ser humano (quienes seguís la bitácora lo sabéis bien).
Afición: Me recuerdo toda la vida con un pantalón corto y unas zapatillas de deporte. Me gusta correr y disfruto con el esfuerzo. Siempre fue a sí y forma parte de mi modo de vida.
Vicio: el vino como disculpa para hablar con los amigos, para disfrutar de una buena mesa, para abrazarme al hombro del cercano y cantarle a la vida.

Y dos más para añadir al lote:
Recuerdo: A los que cayeron, a los que fueron por delante de mí dejando lo mejor de ellos con el fin de por dejar el patio de nuestra casa un poco más limpio.
Profesión: Hace ya muchos años que en mis documentos oficiales (no es broma) se me consigna como Payaso. Y es a sí porque soy consciente de que para pasear por este solar hace falta mucho humor y ejercer el oficio con todas consecuencias.

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a si mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y las soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de ésto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

ALBERT EINSTEIN


UNA VEZ TERMINADO EL JUEGO EL REY Y EL PEÓN VUELVEN A LA MISMA CAJA. Proverbio italiano

Me imagino que el mundo actual podrá ser más agradable si nosotros, con nuestras actitudes y nuestros actos, no lo hubiéramos estropeado. Estamos haciendo un planeta defectuoso, entre otras cosas, porque habitamos en él como si fuéramos espectadores que no forman parte de la obra. Espectadores que dirigen la mirada hacia aquellos lugares en los que la belleza no existe; bien porque nuestra capacidad de asombro se perdió por lo cotidiano o porque ojeamos la realidad sin la capacidad de admiración ante los hechos que nos rodean.

Nuestra retina contempla rebaños de personas, enjambres de antenas colectivas o esqueletos de edificios, por ejemplo, pero en pocas ocasiones descubre al individuo tomado de uno en uno. Los medios de comunicación se dirigen a las masas, lo mismo que los políticos o los jefes en las empresas. Es más fácil realizar un lenguaje único para todos o sumar y restar cantidades grandes que sumar de uno en uno. El resultado es que surgen los libros de “Cómo ser feliz”, “Construya su autoestima”, etc, o triunfan las bitácoras de introspección personal. Por contra, se nos oculta el pensar que formamos parte de un mosaico en el cual cada individuo tiene su sitio en el peldaño más alto de la escala zoológica. Y que precisamente por eso tenemos que andar por el mundo sabiendo que son más importantes algunos valores que la propiedad de las cosas.

En esta sociedad, que tanto evoluciona para los avances técnicos y de masas, hay un retroceso evidente en cuanto a las libertades individuales y respeto a la persona como ser único. En este aspecto, la sociedad adultera el uso de la inteligencia dirigiendo su saber casi exclusivamente a generar bienes materiales. Y es que es relativamante fácil encontrar proyectos empresariales, económicos o financieros pero, por contra, se hace extraño que alguien pueda expresar abiertamente la posesión de un proyecto de vida meditado y razonado. Si no somos capaces de elaborarlo….¿cómo vamos a dar respuesta a los desafíos que tiene la vida o los imponderables que nos encontremos?

Nos creemos dueños de muchas cosas pero obviamos que la vida nos posee a nosotros. Ella es la que nos abandona cuando el cuerpo se vuelve quebradizo. Por eso debemos vivir todo lo que podamos y con la mayor intensidad posible; porque somos como bolígrafos que dan fé de su paso y garabatean en cada uno de nosotros un libro distinto en el que se suceden oportunidades de descubrir la belleza que nos rodea.


SI ES BUENO VIVIR, TODAVÍA MEJOR ES SOÑAR, Y LO MEJOR DE TODO, DESPERTAR de A. Machado

Desde que en 1953 los científicos Dement y Fishert estuvieron a punto de hacer enloquecer a unos jóvenes voluntarios en el Hospital Monte Sinai de Nueva York, se sabe empíricamnte que el sueño es necesario. Poco tiempo antes se había descubierto que el cerebro, mientras descansa, tiene una fase que llamaron REM en la cual manifiesta su máxima actividad. La experiencia consistió en despertar a los voluntarios justo al comienzo de este estadio. Llegó un momento en que les fue muy difícil devolverlos al estado de consciencia y cuando lo hacían manifestaban alucinaciones, irritabilidad y bastante ansiedad. Llegaron a una conclusión que hoy nos parece obvia: el sueño es necesario para mantener el equilibrio físico, mental y emocional.

Necesitamos de los sueños, sobre todo de aquellos que tocan la fase REM de la utopía. Es preciso que, con la edad y la satisfacción de nuestras primeras metas personales, sepamos encontrar nuevas ilusiones que nos hagan mejorar nuestra cara. Cuando creamos que ya tenemos aquello por lo que tanto trabajamos es preciso volver a recostar la cabeza sobre la almohada y dejar que las realidades nos ayuden a crear nuevos sueños. No pasemos por la vida matando el tiempo. Este es escaso y pasa pronto. Démosle valor y trabajemos por utopías -quien sabe, quizás sean otros los que las logren- que transformen la realidad y hagámoslo con la esperanza de que lo bien hecho no queda en el olvido: transciende.

Esta Europa en la que vivimos durante el siglo XX fue capaz de lo mejor y de lo peor. Tuvo buenos y malos sueños, pero puso el empeño por conseguirlos. Por una parte, fue protagonista de dos guerras mundiales y particiones territoriales que sembraron la Tierra de caos y destrucción; y por otra, fue capaz de llevar adelante proyectos de protección social, desarrollo tecnológico o de las áreas del saber inimaginable un siglo antes. Luther King tuvo un sueño en los EEUU -era su utopía- y medio siglo más tarde un presidente negro ganaba las elecciónes. En Sudáfrica un preso, también negro, pasó media vida en la cárcel soñando con el final de Apartheid -otra vez la utopía- y una vez salido de ella ganó otras elecciones.

Los sueños son mensajes que nos enviamos a nosotros mismos, que nos repetimos y que desde distintas formas nos ayudan a solucionar problemas o ver de otro modo las realidades. No podemos vivir sin ellos. Entre otras cosas, porque si no los tenemos, nos ocurre como a los voluntarios del Hospital del Monte Sinai, tenderemos a la agresividad, la inapetencia y al desasosiego. Buscaremos matar el paso de un tiempo que carece de sentido porque no mudamos nuestras esperazas e ilusiones. Y en ocasiones lo hacemos con la desesperanza de estar a la cola del paro, la eventualidad de un puesto de trabajo o la inestabilidad familiar. Pero si queremos salir de esas malas noches en las que el estado de vela es constante, tendremos que ser conscientes de que antes deberemos reposar la cabeza y soñar.

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