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NO ES LO QUE EL ORADOR DICE, SINO QUIÉN ES, LO QUE DA PESO A LA ELOCUENCIA de Eurpides

Está de moda, y no hay emisora de televisión que no tenga su tertulia. Se trata de un fenómeno importado de la radio y que, además, proporciona una producción barata (un presentador y un decorado). Su mayor diferencia se halla en la vehemencia. Mientras que en la radio se necesita de un orden, claridad de ideas y un respeto al oponente para que quien escucha lo pueda hacer de forma óptima, en la TV se precisa espectáculo. El marco ideológico queda en un segundo plano en beneficio del griterío y la pasión.

El perfil del tertuliano suele estar formado por políticos retirados, periodistas aliados a la voz de su amo, personajes de la farándula y profesionales de la polémica. En torno a ellos hay un negocio que va de los 150 a los 2000 euros por programa. De esta forma, el caché varía desde los 150 euros que paga Intereconomía en vales para canjear en el Corte Inglés, los también 150 euros del Canal 24 horas de TVE, pasando por los 300 (La 10 y Veo Televisión) y los 600 – 1000 (“Madrid opina” de Telemadrid, “Espejo público” y “El Programa de Ana Rosa”). Quien más paga es “59 segundos” y “La Noria” con cachés que varían entre los 1000 y 1500 euros por programa.

Los que más abonan son los programas del corazón, los cuales pueden llegar a ofrecer 6000 euros (Pedro J. Ramirez o Kiko Hernández, habitual de “Sálvame”). Son emolumentos muy elevados por colaborar en emisiones televisivas en las que rara vez hay una tertulia ordenada y con una esgrima de ideas relevante. Al revés, lo zafio y ramplón campea por sus fueros, con exposiciones entrecortadas y concebidas para el espectáculo. Poco importa la mesura. Estos botarates de la inteligencia opinan de lo humano y lo divino con una osadía que produce sonrojo.

Esta manada de sabelotodos se ha ido metiendo en nuestras casas al abrigo de la estupidez y de una lengua afilada para el descrédito del contrario. Pontifician sus verdades sin poner en duda la razón. Es más, diríase que el éxito del buen tertuliano está en gritar y no escuchar al oponente. Se retroalimentan a sí mismos, muchas veces acompañados de majaderías, cotilleando de cualquier cosa sin la debida reflexión. Y claro, así nos va, y mucho dice de la inteligencia de un país cuando son estos profesionales de la verborrea fácil quienes conforman opinión.

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