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CADA DÍA SABEMOS MÁS Y ENTENDEMOS MENOS de A. Einstein

Leo periódicos, artículos de opinión e incluso de ensayo y observo un exceso de dogma. Lo cierto es que me parece preocupante cómo campea la verdad contada por muchos intelectuales. Se sitúan en el puesto de los predicadores, sobre el púlpito que les proporcionan los medios escritos. En la práctica no deja de ser una imbecilidad el contar lo que muchos acólitos ya conocen o atacar al oponente en sus flancos más débiles. Leí en un libro de Daniel Innerarity que Umberto Eco no tenía por costumbre firmar manifiestos contra el hambre en el mundo, contra en cáncer y cosas por el estilo. Para ello aducía que no tenía utilidad apoyar causas en las que todos estamos de acuerdo y a las que posiblemente nadie se oponga. En realidad, es una obviedad que muchos pensadores no tienen en cuenta en sus reflexiones, más encaminadas a lo cotidiano y al quedar bien.

El mismo Innerarity decía que la labor de un intelectual se debe asemejar a la de un espía que trata de encontrar las perlas perdidas de la sociedad. Con este fin, tendrá que poner en entredicho todo y hacer uso de la duda como parte del método. Y más si aceptamos que los medios de comunicación, generadores principales de las noticias, viven instalados en lo inmediato y en la precipitación. La sospecha ante tanta trivialidad debiera estar presente en los intelectuales que se tienen como tales y en numerosas ocasiones viven al arrimo de un poder que les paga mediante charlas, conferencias o estudios de investigación.

La mirada del pensador debiera dirigirse a descubrir la sustancia de las cosas mediante la sagacidad y la paciencia de quien se interroga. Es un proceso que necesita tiempo, pero que a muchos best seller del intelecto parece llegarles las respuestas por ciencia infusa del copiar y pegar. En esta sociedad tan compleja y tergiversada hay elementos de sospecha y numerosas pistas mal puestas que tienden al engaño.

No se trata de instalarse en la desconfianza con fines aviesos. Hagámoslo para ser honestos y tomar decisiones con espíritu crítico. No confiemos en las verdades de quienes todos los días tienen una nueva que mostrarnos, porque podemos, y debemos, tener opiniones propias ya que lo absoluto no existe. Por eso seamos como los personajes policiacos de Fred Vargas o Mankell. Actuemos como Sherlock Holmes buscando las pistas y descubriendo lo que hay detrás de las cosas. Y si lo hacemos con un puntito de rebeldía, mejor. Mucho mejor.

4 Comments

  1. Lo que pasa es que la masa es manipulable. Si coges a las personas una por una, tendrán ideas propias, pero une a mas de cinco y podrás convencerles de cualquier cosa.Puedes buscar pistas, decidir por tí mismo,pero al final el pensamiento se vuelve uno.
    Saludos
    Ana

  2. No sé cuál debe ser la labor del intelectual, pero la cita de Einstein es muy cierta, y el chiste de El Roto de chiste no tiene nada: esconde otra verdad muy clara bajo un ingenioso juego de palabras.

    Saludos.

  3. Si no tenemos un poco de espíritu crítico y no sabemos más que comulgar con todo lo que nos cuentan viviremos en una “sociedad de las cavernas” más propio de un cuento de Platón que de una democracia.

  4. El problema es que ahora hay que separar el grano de tanta paja que, a veces, es imposible.
    Lo que me parece curioso es giro que han dado los medios de comunicación, ahora son auténticos medios de opinión.

    Un abrazo


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