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EL DESTINO MEZCLA LAS CARTAS, Y NOSOTROS LAS JUGAMOS de A. Schopenhauer

Hay viajes que dejan huella, y más cuando te cuentan quienes han estado los cambios experimentados después en algunos lugares. Este es el caso del Monasterio de Rila. Tuve la fortuna de visitarlo cuando todavía no había caido el telón de acero y Bulgaria era un país comunista con la estrella roja de cinco puntas por todos los lados. Este singular monasterío se encuentra a una distancia de 120 kms de Sofia (sin acento en la i latina) y se hubica a 1.100 mts de altura y a los pies de unas montañas de más de 2000 mts de altitud.

Desde su fundación en el siglo X por un hermitaño llamado Juan, Rila ha sido la piedra angular de la historia de Bulgaria. Llegamos hasta allí después de sortear los tormentos de controles policiales, dormir en la calle o conducir por un país cuyo combustible por entonces era el benceno. Nos encontramos una nutrida comunidad monacal ortodoxa dentro de un complejo arquitectónico reconstruido en el siglo XIX formado por un patio central rodeado por cuatro pabellones bellamente decorados.

Al viajero de por aquel entonces causaba sorpresa cómo en una Bulgaria comunista podía haber una comunidad religiosa tan joven. Eramos pocos quienes, sin pertenecer a alguna organización política afin al régimen, podíamos llegar hasta ese lugar tan singular hoy apenas ocupado por media docena de monjes. De ese viaje quedaron anécdotas como la del cambio de divisas parando ascensores entre dos pisos, que en algún lugar nos trataran con deferencia por creernos miembros de las juventudes del Partido Comunista de España, las horas de la policía de fronteras visionando videos que llevabamos para entretenernos….

Pero desde luego, lo que quedó en nuestras retinas para la historia fue Rila. Por lo demás, Bulgaria era un país destartalado con las típicas fotografías que ocupaban un edificio de cinco plantas con el obrero del mes, sin restaurantes y con la única opción de acudir a comer a los buffet de las empresas en las que por unas pocas monedas comías con los trabajadores y presenciabas cómo llenaban jarrones (literal) y cántaros de leche con cerveza.

5 Comments

  1. No conozco Bulgaria, pero si algún día lo visito, incluiré Rila en la ruta.

    Saludos.

  2. Un lugar y una gran experiencia.Irrepetible y enriquecedora.
    Tendrías que hacer una sección especial con todos esos viajes que has “expermientado”, Arístides.
    Un abrazo.

  3. Un viaje maravilloso. Me has dejado de piedra con tu comentario en mi entrada. Besos azules
    Ana

  4. ¡¡¡ Que envidia me das !!! Tu si que has conocido mundo.

  5. Entonces tú eres de esos osados que se atrevían a cruzar “al otro lado” para conocer otra realidad y, años después, tener buenas anécdotas y batallitas que contar….

    Afortunado que eres un afortunado. Un abrazo


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