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BUEN JUICIO Y MUCHA PLÁTICA POCAS VECES SE JUNTAN de Séneca

Disfruto de las cosas y me gusta la vida en casi todas sus formas y colores pero, en cambio, en ocasiones parece que estoy enfadado con el mundo. Con todo él al completo, cuando no logro entender la cantidad de dinero que se destina a sanear el balance de los bancos y el escaso que se dedica a evitar que personas se mueran de hambre al otro lado de la alambrada. Me enfadan tantas atalayas construidas para defender los intereses de los que siempre tuvieron todo, mientras que los que carecieron de lo indispensable para poder desarrollar su existencia siguen pagando las digestiones copiosas de los que mercadean con la vida de terceros.

Me enfado y me hago cascarrabias con el mundo de lo íntimo o cercano cuando escucho aquello de “qué hay de lo mío”, ” nada se puede hacer” o “esto no hay quien lo cambie” ante despropósitos que caen por su propio peso y en los que “a priori” todos estamos de acuerdo. Y no es necesario referirse a las miserias de los países subdesarrollados para sentirse sólo e impotente ante tanto especulador de la vida y las finanzas de aquellos que hipotecaron casa y sueños con ella. Me exasperan tanta resignación y buenas maneras ante políticas encaminadas a hacer más ricos a quienes ya lo son y más siervos a quienes siempre lo han sido.

Es para gritar y abroncar a esa justicia con las puñetas sucias que responde a intereses mezquinos, y es para censurar a los que hablan de libertad o igualdad a quienes tienen lo justo para llegar a fin de mes. Me enfado con el mundo ante tanta sordera colectiva hacia quienes tienen el derecho de vivir con dignidad y pienso en todas esas personas que por la noche recogen alimentos de contenedores o malviven hacinadas en viviendas húmedas. Me pregunto dónde está la rebeldía que, mirando más allá del bolsillo, halza su voz contra tantos desmanes hacia la naturaleza, y en particular, hacia lo más intrínseco del ser humano.

Uno quiere creer en el futuro de un mundo diferente en el que los brokers no especulen con los precios de las materias primas necesarias para la alimentación o donde, a la par que se sanea una banca manirrota y mezquina, se saneen las cuentas de los países subdesarrollados. Y es que no deja de ser una ignominia que para el sistema financiero haya recursos, pero para una de cada seis personas desnutridas no haya ni migajas. Me enfado con el mundo por la falta de utopías e ilusión para cambiar tanta incompresión y por la resignación de todos a las desventuras ocasionadas por quienes nunca hicieron por repartir las riquezas.

Y llegado aquí me interrogo si no nos está haciendo falta uno (léase: Monseñor Romero, Gandhi, Luther King) que, para vergüenza de todos, se ponga a la cabeza; y me preguntó: ¿dónde están esos hombres que en tiempos pasados lideraron el cambio de la historia?

3 Comments

  1. Necesitamos un cambio de dirección y, como tú dices, alguien tiene que liderar este giro. Pero tiene que existir alguien que nos saque de este aborregamiento y que, además, este dispuesto a sacrificarse.
    Los líderes suelen caer los primeros…
    Has visto lo de Olot, la desesperación empieza a causar estragos en nuestro país.

    Un saludo

  2. Con la sociedad civil hace años que acabaron.

    Hay un trio Prensa-Banca-Poder Politico que no le da voz a los pocos que quieren alzarla o que, simplemente, la silencian.

    Luego tenemos a los sindicatos, primados hasta las cejas.

    Queda algo con las Asociaciones de Consumidores, pero te dejan hacerte Asociacion y cuando quieres registrarla como “de consumidores” te toca morirte de la pena y tambien entran en juego las subvenciones.

    ONGs, si acaso, Greenpeace porque monta alguna de narices y salen detenidos para que se les escuche o se tienen que poner en pelotas, por lo que la noticia vende. Tambien tenemos a Caritas, por la cantidad de pobres a los que tienen que dar de comer.

    A las instituciones religiosas se las “demoniza”, solo se utilizan para hablar de pederastia como metodo para desautorizarlo, cosa que no esta mal que se diga para desautorizarlos moralmente cuando estas piden que ademas de hablar de recortes salariales, se hable tambien de reparto.

    En fin, todo un mundo.

  3. La indignación y la rebeldía siempre van de la mano. El asunto es cuán concientes estamos de nuestra realidad; de la creciente concentración de la riqueza, de la división de clases, de la injusticia, de la corrupción del poder político, los ajustes, las medidas económicas que atentan contra el pueblo, etc, ¿Cuán concientes estamos de cómo funciona este sistema y de lo depredador que es, para sentir verdaderamente una indignación tal que nos lleve a la rebeldía o a algo parecido?

    El pueblo europeo está sintiendo el peso del fracaso de un modelo (neoliberal) injusto. Es un pueblo indignado
    que se está resistiendo a pagar las consecuencias.

    Un gran abrazo Arístides

    Latina


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