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¿QUÉ SABE EL PEZ DEL AGUA EN QUE NADA TODA SU VIDA?

El Sol saldrá a las 5,53 y se pondrá a las 18,01 h.

En el centro de Malí y en medio de la nada se encuentra Tombuctú. Se trata de una población en la que habitan unas 35.000 almas y que en el pasado fue un centro cultural importante. Por sus calles de arena pasaban las carabanas de touareg y en casas de adobe, semejantes a las de ahora, dormían los viajeros. En la actualidad sigue habiendo tres mezquitas importantes y entre cuatro paredes de barro, custodiada por Ismael Diadié, se encuentra la biblioteca.

Este hombre de raza negra guarda su árbol genealógico como un tesoro. En él demuestra que su familia proviene de Toledo; en concreto de Alí Ben Ziyad al-Quti, descendiente a su vez de Witiza, el último rey godo. Ismael y su hijo han recopilado durante años todos los manuscritos que las caravanas llevaron a través del desierto. Y así, con la paciencia que da la historia, recogieron cuantos textos llegaron del Al Ándalus, Arabia, Fez o El Cairo, y que inmediatamente fueron copiados en manuscritos para satisfacer la demanda de los hombres sabios y las familias pudientes del lugar.

En la biblioteca se hayan manuscritos del poeta Al Fazzazi (nacido en Córdoba en 1229) y del que todavía hoy, en Tombuctú, su poesía pone letra a los salmos que miles de personas entonan en las mezquitas, o la del arquitecto Es-Saheli (Granada, 1290) creador de, entre otras, la gran mezquita de Yenné o de Djingareyber (Tombuctú) y que según los historiadores inspiraron al genial Gaudí. En ella, además, se encuentran las biografías de Alí Ben Ziyad, Mahmud Kita o Hasan al-Wazzan (León el Africano) y de Arkia Alí-Gao considerada en su época como la mujer más erudita de su tiempo.

Ismael conserva en esta biblioteca ambulante, que durante 5 siglos fue creciendo al abrigo de su familia, la respetable cantidad de 3000 manuscritos, de los que 400 son documentos andalusíes inventariados. Y como no podía ser de otra manera, quien hasta allí sea capaz de llegar, se encontrará la mano amiga del bibliotecario que le saludará en un perfecto castellano aprendido en Granada hace 20 años. Las termitas, el calor y el abandono de siglos- el mismo que la hizo sobrevivir- hicieron estragos en sus fondos. Ismael lanzó, en su día, la voz de alarma y por una extraña casualidad de la historia, la Junta de Andalucía en el 2003 estuvo atenta construyendo un lugar para que el Fondo Kati -así es como se conoce- que se encontraba en baúles, pudiera ser aireado.

Para quien quiera saber más:
– Ismael Diadié y Manuel Pimentel: “Los Otros Españoles. Los manuscritos de Tombuctú: Andalusíes en el Níger” (Ediciones Martínez Roca, Madrid, 2004).
– Ismael Diadié: “Los Últimos Visigodos. La Biblioteca de Tombuctú” (RD Editores, 2003).

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2 Comments

  1. Es raro, pero en este caso la Administración, la Junta de Andalucía, ha estado atenta.
    Por la antigüedad e importancia de los textos, también se deberían ocupar de La difusión de los contenidos del Fondo Kati.

    Un saludo

  2. Hablando del tema, existen muchos manuscritos que han aparecido por pura chiripa en mercadillos raros y despues de hacer ciertos estudios y traducciones han resultado ser autenticas joyas de la antiguedad.

    Cualquiera sabe todo lo que se ha perdido por ahi, porque no existe ningun sistema de incentivos o recompensas para recuperar este tipo de manuscritos.


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