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EL TRABAJO ENDULZA SIEMPRE LA VIDA, PERO LOS DULCES NO LE GUSTAN A TODO EL MUNDO de R. Hugo

Posiblemente el más célebre de los epitafios sea aquél de Groucho Marx que dice: “Perdonen que no me levante”. Lo cierto es que en su tumba en el Eden Memorial Park de San Fernando, Los Ángeles, no figura ninguna frase. Tan sólo unas fechas y la estrella de David. También es famoso el de los trescientos espartanos que, capitaneados por Leónidas, se sacrificaron en las Termópilas: “Pasajero,ve a decir a Esparta que hemos muerto aquí en defensa de sus leyes”. Quien haya estado allí, dará fe de que el legendario paso ya no existe y en su sustitución hay un monumento horroroso que en el área de descanso de la carretera los recuerda para disfrute de los turistas.

Son muchos los que no se corresponden con la realidad y lo cierto es que no son más que frases agudas con cierto ingenio. Entre las inmortales se encuentra la que se dedicó a sí mismo el escritor Miguel Mihura:“Ya decía yo que ese médico no valía mucho”. He encontrado una que dice: “Murió vivo” atribuida a Antonio Gala y otra de Gabriel L. Echeagaray: “les dije que estaba enfermo”; serían buenas y breves, si no fuera porque ambos se ausentaron de su funeral.

Alfred Hitchcock pensó poner en su lápida, aunque luego no lo hizo, aquella de “Esto es lo que les pasa a los chicos malos”. Tampoco es verdad la que aparece en un videojuego de Fable: “Me estás pisando la cabeza”.

Son muchos los anónimos y casi todos falsos, como:
Los dedicados por un marido en la tumba de su suegra: “Tanta paz encuentres, como tranquilidad me dejas” y “Aquí yaces y yaces bien, tú descansas y yo también”.O ese otro: “Con amor de todos tus hijos, menos Ricardo que no dio nada”.

Se dice que en Cementerio de la Almudena en Madrid hay uno que añade: “Aquí estoy con lo puesto, y no pago los impuestos”, y otro en una tumba de Guadalajara: “A mi marido, fallecido después de un año de matrimonio. Su esposa, con profundo agradecimiento” a los que acompaña uno de Minnesotta: “Fallecido por la voluntad de Dios y la ayuda de un médico inepto”.

Hay otros que no he podido saber si son verdad, pero me han hecho sonreir:
“Si no viví más, fue por que no me dio tiempo” Marqués de Sade
“Estoy aquí en el último escalón de mi vida. Marlene 1901-1992” Marlene Dietrich
“Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo”. Miguel de Unamuno

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