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CHASCARRILLOS DEL PASADO

En el quinientos del milenio pasado, y ante la gran proliferación de pobres, las autoridades se vieron en la necesidad de emitir cédulas -hoy lo llamaríamos carnés- que autorizaban la mendicidad. En su dispensa participaban el cura párroco y la autoridad civil o representante de la Justicia. Se emitían por Pascua de Resurrección y se renovaban anualmente, después de cumplir con los requisitos de la penitencia y la comunión.

En cada parroquia había dos vecinos encargados de llevar el censo. Con ello se pretendía poner freno al vagabundeo y la picaresca; por otra parte, imposible de erradicar por muchos datos de carácter personal que mostrara la cédula y la amenaza de cuatro días de cárcel la primera vez, el doble la segunda con destierro de dos meses y la posible condena a galeras en la tercera.

Cuatro son los casos especiales que contemplaba la ley:
– Los peregrinos extranjeros en el Camino de Santiago.
Siempre que lo hiciesen sin salir de sus proximidades y no se aposentaran excesivo tiempo en un lugar.
– Los frailes.
Debían tener licencia de sus obispos, condicionada a una causa justa y limitada a un tiempo y lugar.
– Los estudiantes.
La cédula la autorizaba el rector y estaba limitada al lugar en que el joven realizaba sus estudios.
– Los ciegos.
No precisaban licencia, estando confesados y comulgados, para pedir limosna en los lugares de donde fueran naturales.

Las puertas de iglesias, santuarios o ermitas eran el lugar habitual de sus retahílas, exposición de males y oraciones a todos los santos. Allí, la picaresca se mezclaba con la mendicidad y el vagabundeo de baja calaña en busca de botín. Entre ellos se encontraban también los que pedían por otros. Estos eran los “mendigos vergonzantes”, que estando en situación de graves penurias no se sentían capaces de mendigar.

Fuente: SOMBRAS Y LUCES EN LA ESPAÑA IMPERIAL de Manuel Fernandez Álvarez

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2 Comments

  1. Ahora tenemos prácticas similares en muchos Ayuntamientos donde se dan licencias a los músicos callejeros para tocar en determinados lugares y a determinadas horas.
    Será que llevamos la marcha del cangrejo?

    • No javier, los cangrejos somos nosotros; que nos gusta mirar a las “historias de la historia”, desandando el pasado y disfrutando con el.


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