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Es conocida la historia en que Felipe II se pierde en el bosque, donde le alcanza una noche tormentosa y allí encuentra la casa de un pobre cura a la que acude a hospedarse:
-Sólo deseo, buen cura, una perdiz para cenar y una cama para pasar la noche.
Despreocupado como se hallaba de los graves asuntos de gobierno, deseó platicar el Rey sobre cosas vanales, y así le pidió, para entrar en materia, que adivinase las tres cosas en que estaba pensando.
-En lo primero que piensa V.M. es en cómo avisar a la Reina de que se halla aquí; lo segundo, en si las perdices estarán tiernas.
-Y.. ¿la tercera?, preguntó el Rey.
-Es la más fácil. V.M. piensa en el obispado con que me va a obsequiar por haber honrado mi casa con su regia presencia.
-¡Gran astrólogo sois¡. En nada habéis errado y creo que acertáis en que el obispado de Tuy es el otorgado.

Los reyes en aquella época poseían el regio vicariato indiano, con el cual podían proponer a Roma, que generalmente aceptaba, las personalidades eclesiásticas que consideraran oportuno. De esta forma, las tropas imperiales de Carlos V saquearon Roma en 1527, como 30 años más tarde haría el Duque de Alba al frente de los Tercios Viejos arrasando la Ciudad Eterna. Mientras sucesos como los señalados ocurrían, la terrible Inquisición, guardiana de la moral y la fe, ignoraba los hijos naturales del cardenal Mendoza, más conocidos como “los hermosos pecados del Cardenal”. Significativo es el linaje de los Fonseca, donde el 1º fue arzobispo de Sevilla y Santiago; el 2º, sobrino suyo, lo fue también de Santiago y el 3º, su hijo natural, lo volvió a ser de la misma diócesis. A lo que comentó el Cardenal Cisneros que no sabía que el Arzobispado de Santiago se cubría por derecho de primogenitura.

Uno se pregunta si el regio vicariato indiano no está presente detrás de frases como,”qué es de lo mío” y “lo tuyo va por buen camino”; y sospecha que muchas decisiones que toma la “nobleza” en los gobiernos y que incumben a los “pecheros”, se encuentran influenciadas por dicha costumbre. En su nombre se crean guerras y se buscan aliados, se inquieta a la población con pandemias para beneficio de las empresas farmaceúticas, o se arrasa la naturaleza con la disculpa del consumo.

Poco ha cambiado desde el medievo. Los favores se siguen pagando de igual forma y la justicia tiene sobre sus ojos un venda que no la ciega.

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