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“Tengo un novio chiquitín… si lo quieres conocer sube arriba y lo veras” dice la letra de la canción y es lo que debió pensar Alaji Mbengue cuando creyó que al norte estaba su fortuna. El mayor de siete hermanos y nacido en el centro de Senegal se ha pasado cuatro meses y medio en prisión por comercializar con un centener de cedés. Como él hay en las cárceles españolas otro centenar de personas con penas de 6 meses a dos años por el mismo delito.

Lo cierto es que Alaji es culpable ante la Sociedad General de Autores por ser “mantero” y ejercer la piratería contra la propiedad intelectual. La sentencia incluye además una multa de 900 euros y una indemnización de 680 euros.
“Nadie con trabajo vendería cedés, yo sólo trabajaba para sobrevivir” dice Alaji que al mismo tiempo se pregunta cómo lo va hacer para pagar la sentencia.

En fin, parece que nuestro buen hombre ignora que desde que nació ya es culpable de haberlo hecho en el lugar equivocado; culpable de haber entrado en el jardín de nuestra casa, de noche y saltando la tapia, para instalarse en la caseta del perro. Y ya puestos, también culpable de ser ilegal, aunque la sentencia la haya cumplido legalmente. Además es molesto, porque le tenemos que tener en nuestra propiedad y encima nos obliga a compartir con él la comida destinado al perro.

Se ha solicitado a la SGAE que renuncie a cobrar la indemnización. Ésta calla, como callamos todos ante quienes hacen lo mismo que haríamos nosotros si fuéramos Alaji. Sólo que quienes habitamos en la casa seguramente no hubiéramos trapicheado con cedés. Como inteligencia se nos supone y conocimiento de la justicia también; posiblemente le hubiéramos dado a las drogas de diseño, a los burdeles, especulación urbanística o desfalcos.

Alji dice que “sólo trataba de sobrevivir”, pero no se ha enterado que para ello, tiene que volver a saltar la valla y regresar a la nada, porque él ya fue condenado desde el momento en que nació. Personas como él las necesitamos para justificar nuestras conciencias con donativos a ONGs, que para eso somos solidarios y ricos. Mientras tando que deje libre la caseta del perro.

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One Trackback/Pingback

  1. […] de mi hogar una casa patera. En ella estamos inscritos más de los que vivimos. El último se llama Diagne y es un sonriente negro de la etnia wolof. En el Registro de mi población ya están acostumbrados […]

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