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Te levantas cada mañana como un campeón y al alba, con las legañas en los ojos, cocinas algo rápido mientras que tu sombra va haciendo las camas y poniendo en marcha a la familia.
Sales, como siempre tarde, a medio vestir y jurando que mañana no volverá a ocurrir. Y llegas al trabajo dando gracias que lo tienes, pones cara de felicidad y atiendes a los clientes con lo mejor de tus sonrisas, les escuchas y a los que les preguntabas cómo les va la vida ahora les hablas del tiempo y de cómo nos crecen los hijos. Con el rabillo del ojo observas a tu jefe, y tu que estas curtido en mil batallas, sabes que mientras tu sonrisa se queda helada el te recriminará lo mal que vamos y que no cumples unos objetivos imposibles de cumplir. Te faltará al respeto y tú aguantarás porque tienes unos hijos que te abren en canal cada vez que te abrazan y porque sabes que tienes una edad maldita en la que no eres nada si pierdes el empleo.
Trabajarás gratis y de buen humor más de 200 horas al año y dirás que no importa, porque lo que quieres es llegar a fin de mes y ver a tu familia bien; los hijos, por que se lo luchan en sus estudios y tu mujer, porque se lo ha ganado en cada momento que ha estado contigo.
Les explicarás que has llegado tarde por la maldita carabana y por un pedido que llegó a última hora. Te acordarás de aquel café que te tomaste y pensarás que la mayor necesita un portátil para sus estudios y te sientes feliz pensando que un café no va ninguna parte, pero la ilusión de tu hija y la falta merece un esfuerzo.
Llegará la noche, darás un beso a tu mujer y te dormirás pensando en tu equipo y de lo bien que nos vienen los tres puntos conseguidos el domingo. Soñarás con que te haces mayor y con lo bien que van tus hijos en los estudios, con que a ti no te aplicarán el ERE y con esa mujer que tienes a tu lado que no sabes cómo aguanta tus simplezas. Y darás gracias por ello y por la cerveza que tomaste en el bar cuando ganamos el partido.
Alguna vez te preguntarás qué has hecho con tu vida y verás que aquella mujer no es la misma con la que te casaste. Dirás que hemos cambiado y verás en ella las heridas de mil guerras que a tus ojos son hermosura. En tu soledad la abrazarás y cuando no te vean, unas lágrimas te recordarán que no es eso lo que tu querías y te preguntarás si ellos serán capaces de entender que tu fútbol y tu cerveza es una mentira que te permite volver a levantarte cada mañana.

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