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Me dan pena los futuros estudiantes universitarios. En una época tan poco crítica van a ser objeto de una reforma que incentiva el beneficio inmediato y el mercantilismo de las ideas al servicio de las empresas.

Esta reforma surge al amparo del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios que considera como productos los servicios universitarios. Las Universidades tendrán que buscar fondos económicos y será el mercado quien marque su reputación y financiación. No es difícil imaginarse los logotipos de las empresas en el seno de las facultades. La colaboración mercantil puede llegar a ser tan estrecha que se dará el caso de que sean los financiadores quien marquen los objetivos educativos y de investigación. No serán extraños los contratos de confidencialidad y prioridad de patentes. Buena muestra puede ser la Universidad de Stanford con la Cátedra Yahoo.

Se pretende que la vida estudiantil sea de Lunes a Viernes en una jornada de 40 horas semanales. Se les considera trabajadores que en la práctica van a tener que pagar de su bolsillo por hacer prácticas o estudiar en casa. Muchos de ellos después de terminar su Posgrado o Master accederán al mercado de trabajo endeudados por préstamos incluso antes de abandonar el ámbito familiar o afrontar la compra de una vivienda.

La formación se orienta hacia las exigencias del mercado y supedita la financiación pública a la obtención de recursos del ámbito privado. La Universidad no se plantea, por tanto, ser un lugar de reflexión e investigación interés público donde se formen buenos profesionales. Habrá carreras poco rentables que desaparecerán, a pesar de que sean necesarias para configurar opinión o para la supervivencia de propio estado.

Bolonia nació al calor del éxito de las políticas neoliberales y de libertad de comercio. Ese mismo capitalismo desproporcionado ha dado lugar a la mayor recesión mundial de los últimos 50 años, siendo los fondos públicos quien corra en su socorro. Posiblemente otra reforma hubiera sido posible si se hubieran atendidos criterios de interés público, contraste de ideas e intereses de alumnos y profesores; y por qué no, hasta de los padres que al final son los que pagan.

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