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Querida hija:

Hubo un tiempo en que la palabra dada tenía su valor y comprometía a quien la daba. El honor de la persona que la otorgaba estaba en juego y era tan preciado como la propia vida.

Por ello, me sorprendo cuando el Ministerio de Educación pretende becar con 1.350 euros a los malos estudiantes para que no abandonen sus tareas. El fracaso escolar ya es de por sí malo para quien lo sufre y para la propia sociedad que lo sustenta, como para que encima se retribuya económicamente.

Poco se recompensa a quien emprende compromisos y deja sus esfuerzo en el empeño, o a quien pone sus valores morales por encima de sus pretensiones económicas. Pero sin embargo, esta sociedad no podría vivir sin ellos, porque son estos los que hacen grande y noble al ser humano.

Desde el siglo VII antes de cristo, con los grandes filósofos griegos, pasando por las jarchas, cánticas o escritos del renacimiento, las grandes ideas siguen siendo las mismas. Los grandes valores continúan siendo patrimonio de la humanidad, y nos va en la sangre tenerlos presentes

No puedo dejar de sentirme dichoso; primero, por tus notas y después, porque tengo la certeza de que tu palabra y honor te acompañaran en las decisiones que tengas que tomar en tu vida.

Un padre orgulloso de su hija

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